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represion emocional

La represión emocional

¿Qué son las emociones?

Las emociones son respuestas o reacciones psicofisiológicas que genera nuestro cuerpo ante cambios que se producen en nuestro entorno o en nosotros mismos. Cada persona experimenta una emoción de forma particular, basándose en sus experiencias y aprendizajes, que a su vez dependen de percepciones, actitudes y creencias sobre el mundo.  Las emociones suponen un proceso natural y adaptativo en los humanos. Cada emoción prepara al organismo para una clase distinta de respuesta. 

Las emociones tienen una función vital, ya que nos permiten adaptarnos a nuestro entorno y relacionarnos con los demás. Son portadoras de información; nos brindan la oportunidad para actuar de una forma diferente ante una situación concreta, nos guían para saber cómo actuar dependiendo de qué situación para facilitar la toma de conciencia de lo que nuestro cuerpo está experimentando. Nos dan una referencia de lo que nos sucede en un momento determinado, y la energía adecuada para actuar en cada situación. 

Por ello, tienen una gran importancia y es peligroso desatenderlas. Por ejemplo, si yo no sintiera miedo ante un arma, no tendría inercia a huir de ella; si no me sintiera feliz bañándome en la playa, no sabría que me gusta y que quiero repetir; si yo no me sintiera herida cuando alguien me traiciona, seguiría manteniendo a esa persona en mi vida

A nivel social, las emociones han sido etiquetadas como positivas (alegría, amor, felicidad, etc.) o negativas (miedo, enfado, tristeza, dolor, etc.). Mientras las primeras las expresamos sin ningún problema, en las segundas no ocurre lo mismo. Se tienden a negar, camuflar o reprimir. Debemos tener en cuenta que todas las emociones son válidas y todas cumplen funciones importantes para la vida; no son ni positivas ni negativas, ni buenas ni malas. La connotación se la damos nosotros. Las emociones son energía y la única energía que es negativa es la energía estancada.

La represión emocional 

La represión emocional es la capacidad para invalidar, ignorar o disimular las emociones que surgen de forma cotidiana y natural en el día a día. Para reprimir nuestras emociones, necesitamos una cantidad de energía que conlleva desgaste físico, mental y emocional. En definitiva, reprimir nuestras emociones nos desgasta más que el sentirlas. Además, pagamos un alto precio, ya que las emociones no desaparecen, sino que se quedan dentro de nosotros, esperando a salir con fuerza, ante cualquier oportunidad. Cuando expresamos las emociones, las proyectamos hacía fuera y al reprimirlas, en cambio, hacia dentro. A consecuencia, pueden surgir dolores importantes que causan grandes (y en ocasiones graves) afectaciones para la salud.

Muchas veces es con la ayuda de un psicólogo o psicóloga que uno puede unir los puntos y encontrar la razón de su malestar. Si es tu caso, no dudes en contactar con Centro Albea.  

Las consecuencias de la represión emocional 

  • Explosión de emociones. Si acumulamos emociones reprimidas, llegará un momento en que no podamos más y explotemos, normalmente de forma agresiva o con un ataque de ansiedad. Y puede que en esa explosión nos hagamos daño a nosotros mismos o a otros.
    • Somatización.  Somatizar significa que una o varias emociones reprimidas y no expresadas se transforman en un dolor o enfermedad. Tu organismo manifiesta en forma de dolor lo que no te atreves a expresar emocionalmente. Realmente es nuestro cuerpo hablándonos, el problema muchas veces es que no sabemos escucharle. Algunas somatizaciones frecuentes son el dolor de cabeza, dolor de espalda, nudos en el estómago o fatiga.  
    • Insomnio o problemas para dormir. 
  • Sentirse con bajo estado de ánimo.
  • Tener pensamientos en bucle.
  • Efectos parecidos al estrés o a la ansiedad. Puedes experimentar un aumento de tu ritmo cardíaco, una baja producción de adrenalina (y de otras sustancias importantes para tu cuerpo) y un desgano completo por cualquier tipo de actividad.
  • Dolores de cabeza, migrañas o tensión en la mandíbula. Reprimir tus emociones genera una tensión en los músculos de tu rostro y cuello, que terminan convirtiéndose en fuertes dolores musculares, que te pueden causar incapacidad.
  • Dolores estomacales, vómito o estreñimiento. El estómago está conectado al nervio vago, que a su vez es uno de los principales centros emocionales de tu cuerpo, lo cual lo hace un órgano completamente sensible a los cambios de humor o la represión de emociones.
  • Aumento en la producción de la hormona cortisol. Esta hormona es denominada la hormona del estrés; su producción en exceso puede causar afectaciones importantes a tu salud mental.
  • Sistema inmune debilitado. Esos incrementos en el cortisol, afectan también al sistema inmunológico, reduciendo y empeorando la respuesta a determinadas enfermedades o infecciones. 
  • Trastornos depresivos y/o trastornos de ansiedad. 
  • Evitación: consumo de drogas, alcohol, medicación… 
trastorno por atracon

Qué es el trastorno por atracón

En general, casi todos hemos comido de más en algunas ocasiones, por ejemplo, cuando nos servimos una segunda o una tercera porción de una comida durante las fiestas. Sin embargo, para algunas personas, una ingesta excesiva de alimentos con alto contenido calórico, donde sienten que pierden el control sobre lo que ingieren y que se manifiesta de forma habitual, puede convertirse en un trastorno grave de la alimentación. Esta ingesta excesiva de alimentos es conocida como trastorno por atracón. Los atracones se producen, de promedio, al menos una vez a la semana, durante tres meses o más y la gravedad puede variar. 

El trastorno por atracón, se caracteriza por episodios recurrentes en los que se realizan atracones (ingesta de alimentos de alto contenido calórico), en un breve período de tiempo y en el que la persona siente que pierde el control. Al comienzo, o durante ellos, la persona puede tener sensaciones agradables y de liberación de tensión, pero no dura mucho y se sienten disgustados por la sensación de descontrol. El trastorno puede coexistir con trastornos como la depresióntrastornos de ansiedad o abuso de sustancias.

Cuando se tiene el trastorno por atracón, puedes sentirte avergonzado por comer en exceso y prometer que vas a dejar de hacerlo. No obstante, es muy difícil resistir a esa necesidad y continúas comiendo en exceso. Si padeces el trastorno por atracón, no dudes en buscar ayuda. El tratamiento psicológico puede ser de gran ayuda.

Síntomas o manifestaciones conductuales del trastorno por atracón 

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), se atribuyen al atracón los siguientes síntomas característicos:

  • Ingestión en un período determinado de una cantidad de alimentos que es claramente superior a la que la mayoría de las personas ingeriría en un período similar, en circunstancias parecidas. Generalmente, ese periodo determinado suele ser menor a 2 horas. 
  • Sensación de falta de control sobre lo que se ingiere durante el episodio.
  • Hacer dietas con frecuencia. Este tipo de trastorno se correlaciona con una alta obesidad, por lo que no es infrecuente que realicen dieta (no extrema). Sin embargo, no todas las personas con trastorno por atracón son obesas. 
  • Malestar intenso con respecto a los atracones o hábitos alimentarios.
  • Comer incluso cuando estás lleno o no tienes hambre.
  • Comer solo o a escondidas con frecuencia.
  • Comer mucho más rápido de lo normal.

A diferencia de una persona con bulimia, después de un atracón, no se suele vomitar, ni usar laxantes ni hacer ejercicios físicos en exceso para compensar las calorías adicionales que se han comido. Se puede intentar hacer una dieta o comer las comidas habituales. Sin embargo, restringir tu alimentación puede llevarte a más atracones.

La gravedad del trastorno por atracones se determina a través de la frecuencia de los episodios durante una semana.

Cuándo debes consultar con un psicólogo o médico

Si tienes síntomas asociados al trastorno por atracón o tienes una mala relación con la comida busca atención psicológica lo más rápido posible. Los problemas del trastorno por atracón pueden variar desde algo temporal a una situación recurrente, e incluso pueden persistir durante años si no se obtiene tratamiento. Además, puede ser recomendable también acudir a un médico debido a las consecuencias físicas que puede derivar esta problemática.

¿Cómo ayudar a un ser querido que presenta síntomas?

Una persona con trastorno por atracón puede convertirse en experta en ocultar su comportamiento. Por tanto, puede resultar difícil para los demás detectar el problema. Si crees que un ser querido tiene síntomas de trastorno por atracón, habla con él de forma abierta y honesta sobre lo que te preocupa. 

Ofrécele tu apoyo y tu ayuda. Ofrece ayuda para buscar un proveedor de atención médica calificado o un profesional de la salud mental, y pide una consulta. Puedes ofrecerte para acompañarlo.

Causas del trastorno por atracón

Se desconocen las causas del trastorno por atracones y purgas. Sin embargo, la genética, los factores biológicos, las dietas prolongadas y los problemas psicológicos aumentan el riesgo de padecerlo. 

Factores de riesgo

El trastorno por atracón es más común en mujeres que en hombres. Si bien el trastorno puede presentarse a cualquier edad, por lo general comienza en los últimos años de la adolescencia o poco después de cumplir los 20.

Estos son algunos de los factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar el trastorno de apetito desenfrenado:

  • Antecedentes familiares. Es mucho más probable que padezcas un desorden alimenticio si tus padres o hermanos tienen (o tuvieron) algún desorden alimenticio. Esto puede indicar que la herencia genética aumenta el riesgo de desarrollar trastornos alimenticios.
  • Dieta. Muchas personas con trastorno por atracón tienen antecedentes de haber hecho dietas. Hacer dietas o restringir las calorías durante el día puede provocar una necesidad de comer en exceso, en especial si tienes síntomas de depresión.
  • Problemas psicológicos. Muchas personas que padecen trastorno por atracón pueden presentar una baja autoestima, dificultades emocionales, etc. Los desencadenantes de los atracones pueden incluir el estrés, una mala imagen corporal propia y la disponibilidad de las comidas preferidas.

Consecuencias

Es posible que aparezcan problemas psicológicos o físicos relacionados con el trastorno por atracón. Entre las complicaciones que puede causar el trastorno se incluyen las siguientes:

  • Mala calidad de vida.
  • Problemas en el ámbito laboral, académico, en la vida personal o en situaciones sociales.
  • Aislamiento social.
  • Obesidad.
  • Enfermedades relacionadas con la obesidad, como problemas en las articulaciones, enfermedad cardíaca, diabetes tipo 2, enfermedad por reflujo gastroesofágico, y algunos trastornos respiratorios relacionados con el sueño.

Entre los trastornos psicológicos que a menudo se vinculan con el trastorno por atracón se incluyen los siguientes:

  • Depresión.
  • Trastorno bipolar.
  • Ansiedad.
  • Trastornos por consumo de sustancias.

Prevención

Si bien no hay una manera segura de evitar el trastorno por atracón, si tienes síntomas de comer en exceso, busca ayuda profesional. El médico puede aconsejarte sobre dónde obtener ayuda.

Si piensas que un amigo o ser querido tiene un problema de apetito desenfrenado, trata de orientarlo hacia una conducta alimentaria más saludable y a obtener tratamiento profesional antes de que la situación empeore. Si tienes hijos, haz lo siguiente:

  • Fomenta y refuerza una imagen corporal saludable, independientemente de su figura o tamaño.
  • Habla con el proveedor de atención primaria de tu hijo, quien está en una buena posición para identificar indicadores tempranos de un trastorno de la alimentación y ayudar a evitar su desarrollo.

Tratamiento

En cuanto al tratamiento del trastorno por atracón, una revisión sistemática de Iacovino, Gredysa, Altman y Wilfley (2012) muestra que la psicoterapia es el tratamiento más validado y efectivo, y por lo tanto de primera elección

 

Algunos objetivos terapéuticos que se trabajan en psicoterapia:

  • Aprender estrategias de autocontrol y de reducción de la ansiedad.
  • Evitar dietas restrictivas.
  • Fomentar hábitos alimenticios saludables y mejorar la relación con la comida. 
  • Fomentar y reforzar una imagen corporal adecuada. 
  • Modificar pensamientos desadaptativos y rumiativos relacionados con la comida y la imagen corporal.
  • Fomentar un autoconcepto y autoestima adecuados. 
  • Reducir otros posibles miedos asociados.
Adiccion a las compras

La adicción a las compras

Factores como la facilidad para comprar por internet, la publicidad, los medios de comunicación y los descuentos, las ofertas y las promociones continuas, como el Black Friday, han incrementado el consumo excesivo de productos. El éxito del Black Friday es un símbolo del éxito del consumismo como forma de vida en la sociedad actual. En el Black Friday, surge una especie de necesidad de aprovechar las ofertas y descuentos.

¿A qué se debe el incremento de las compras compulsivas?

A continuación, se mencionan los factores contextuales que contribuyen a explicar la creciente pérdida de control sobre las compras:

 

  1. El incremento en la facilidad para comprar por internet y a través de tarjetas de crédito. Esto reduce la demora entre el impulso o deseo de comprar y la compra. Actualmente, es posible comprar con un solo clic.
  2. Los descuentos, las ofertas y las promociones limitados por tiempo o unidades favorecen la urgencia de la compra porque sobrevaloramos los productos difíciles de conseguir o supuestamente escasos.
  3. Los medios de comunicación de masas y las redes sociales multiplican las oportunidades de compararnos con personas más allá de nuestra esfera de contacto y clase social, aumentando así nuestros deseos.
  4. La publicidad favorece las compras porque sobrevalora bienes materiales innecesarios y genera nuevas necesidades que se satisfacen mediante el consumo materialista.
  5. Las modas favorecen el consumo, devaluando rápidamente el valor de lo adquirido y reforzando el deseo de comprar nuevos productos.
  6. El narcisismo convierte el consumo compulsivo en un ritual de autocomplacencia dirigido a satisfacer nuestros egos.
  7. Los hábitos de consumo son indicadores de nuestro estatus, aceptación y prestigio social. Las compras constituyen un medio para mantenernos o acercarnos al estatus deseado o buscado. Incluso aunque suponga ahorrar menos o endeudarnos, porque la incapacidad de consumir afectaría a nuestra estima y reconocimiento social.

 

Pero, ¿qué ocurre cuando sentimos esta necesidad de comprar de manera constante? 

¿Qué es la adicción a las compras?

La adicción a las compras se produce cuando ir a comprar se convierte en una necesidad, dejando de ser una actividad lúdica o para solventar una carencia. En la mayoría de casos se trata de productos innecesarios o relacionados con la moda. También conocido como compra compulsiva u oniomanía, se trata de una adicción que provoca al sujeto comprar por comprar, siendo incapaz de controlar los impulsos.

El trastorno puede agravarse si no se trata debidamente. Las personas que sufren esta adicción pueden padecer ansiedad, falta de control o sentido de culpa.

La adicción a las compras puede provocar problemas familiares, de pareja o laborales, así como endeudamientos, mentiras o robos, debido a los impulsos incontrolados por poseer un artículo.

Síntomas de adicción a las compras

Las personas que padecen una adicción a las compras suelen estar en el inicio de la edad adulta, aproximadamente entre los 18 y 30 años. Estas personas suelen gastar elevadas cantidades de dinero en compras, en algunos casos llegando a acumular deudas.

Algunos de los síntomas comunes de las personas que sufren adicción a las compras son:

  • Sensación de culpabilidad.
  • Autoestima baja.
  • Gran satisfacción al comprar.
  • Dificultades con las habilidades sociales.
  • Desvirtuar lo que tienen.
  • Bipolaridad.
  • Ansiedad, depresión o sensación de vacío cuando no compran.
  • Frustración constante.

¿Cuáles son las causas de la adicción a las compras?

Las compras por Internet han facilitado el aumento de casos de adicciones a las compras. A continuación, identificamos las principales causas de la adicción:

  • Obsesión por la apariencia física. Las redes sociales han dado un enorme poder a la imagen. La moda puede ser un medio para potenciar esa presencia y puede derivar en una adicción a comprar nuevos productos.
  • Baja autoestima. Es la base de múltiples sufrimientos. Esto puede provocar que una persona busque aceptación en su grupo de amigos, intentando proyectar una imagen determinada.
  • Cubrir carencias afectivas o vacíos internos. Con una rutina de salir de compras, una persona puede sentir que controla este aspecto de su vida. Utiliza la ocupación para distraer su atención de un asunto que le puede preocupar más. Es decir, puede haber un sufrimiento personal detrás de la adicción.
  • Educación carente de límites. Si una persona ha crecido en una situación en que sus caprichos se atendían de forma inmediata, interioriza ese modelo de mundo donde el deseo no se pospone.

Cómo prevenir la compra compulsiva

  • Evitar comprar en momentos de tristeza.
  • Ir de compras acompañado.
  • Hacer una lista de la compra, para valorar lo que necesites.
  • Salir con un presupuesto concreto.
  • Detectar si se tiene una conducta acumuladora de productos similares.

Tratamientos para la adicción a las compras

El tratamiento requerido se basa en estrategias a nivel conductual y cognitivo, para que el paciente consiga mejorar su autocontrol, reduciendo sus conductas desadaptativas.

El objetivo es que la persona adicta mejore su nivel de funcionamiento y reduzca la ansiedad. En algunos casos, para potenciar los resultados, se combina la terapia psicológica con la farmacológica.

El trastorno de adicción a las compras debe ser tratado por un especialista en Psicología o Psicoterapia.

 

25 de noviembre, Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer

¿Qué es la violencia de género o violencia contra la mujer?

La Declaración de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer define la violencia contra las mujeres como todo acto de violencia basada en el género que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, incluidas las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada.

En documentos jurídicos más recientes, hay ejemplos de la fusión de ambos términos y se utiliza la expresión «violencia de género contra las mujeres». Por ejemplo, en el Convenio del Consejo de Europa sobre la prevención y la lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica ofrece la siguiente definición: Por violencia de género contra las mujeres se entenderá la violencia dirigida contra una mujer por ser mujer o que afecta a las mujeres de manera desproporcionada.

La violencia de género se basa en un desequilibrio de poder y se lleva a cabo con la intención de humillar y hacer que una persona o grupo de personas se sienta inferior o subordinado. Este tipo de violencia está profundamente arraigada en las estructuras, normas y valores sociales y culturales que rigen la sociedad, y a menudo se perpetúa por una cultura de negación y silencio. La violencia de género puede producirse tanto en la esfera privada como en la pública y afecta a las mujeres de manera desproporcionada.

La violencia de género puede ser sexual, física, verbal, psicológica (emocional) o socioeconómica y puede adoptar muchas formas, desde la violencia verbal y la incitación al odio en internet hasta la violación o el asesinato. Puede ser perpetrada por cualquier persona: un cónyuge o pareja actual o anterior, un miembro de la familia, un compañero de trabajo, compañeros de escuela, amigos, una persona desconocida o personas que actúan en nombre de instituciones culturales, religiosas, estatales o intra-estatales. La violencia de género, como cualquier otro tipo de violencia, es un asunto que implica relaciones de poder. Se basa en un sentimiento de superioridad y en la intención de afirmar esa superioridad en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la comunidad o en la sociedad en su conjunto.

La violencia de género es una violación de los derechos humanos, amenaza la integridad física y psicológica de una persona, es una discriminación, es un obstáculo para la igualdad de género, afecta a todos y todas, o tiene un costo económico muy alto.

¿Cuáles son las causas de la violencia de género?

La violencia de género, y en particular la violencia contra las mujeres, es una de las expresiones más intensas de las relaciones de poder desiguales entre mujeres y hombres. El culpable de la violencia es la propia persona autora del delito: es muy importante tener en cuenta que una persona que ha sufrido violencia de género nunca es responsable de los actos del autor del delito. No hay un solo factor que pueda explicar la violencia de género en nuestras sociedades, sino que son muchos los factores que contribuyen a ella y la interacción de esos factores está en la raíz del problema. Se pueden identificar cuatro tipos de factores: culturales, jurídicos, económicos y políticos.

Factores culturales

Las opiniones patriarcales y sexistas legitiman la violencia para el dominio y la superioridad de los hombres. Otros factores culturales incluyen los estereotipos y prejuicios de género, las expectativas normativas de la feminidad y la masculinidad, la socialización del género, la comprensión de la esfera familiar como privada y bajo autoridad masculina, y la aceptación general de la violencia como parte de la esfera pública (por ejemplo, el acoso sexual a las mujeres en la calle) o como un medio aceptable para resolver conflictos y afirmarse en la sociedad.

Factores legales

En muchas sociedades se considera que ser víctima de la violencia de género es algo vergonzoso y denota debilidad, y muchas mujeres siguen siendo consideradas culpables de atraer la violencia contra sí mismas a través de su comportamiento. Esto explica en parte los bajos niveles de denuncia e investigación que perduran.

Factores económicos

La falta de recursos económicos hace que las mujeres, pero también las personas LGTBI+ sean especialmente vulnerables a la violencia. Crea patrones de violencia y pobreza que se autoperpetúan, lo que hace extremadamente difícil que las víctimas rompan este círculo vicioso. Cuando el desempleo y la pobreza afectan a los hombres, esto también puede conducirlos a reafirmar su masculinidad por medios violentos.

Factores políticos

La escasa representación de las mujeres y de las personas LGTBI en el poder y en la política significa que tienen menos oportunidades de dar forma al debate y de influir en los cambios políticos, o de adoptar medidas para combatir la violencia de género y apoyar la igualdad.

Prevalencia

Según encuestas poblacionales con datos de 80 países se concluye que un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo  son cometidos por su pareja masculina y casi un tercio (30%) de todas las mujeres que han tenido una relación han sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja (OMS, 2017). Esta última cifra se asemeja a la prevalencia que existe en Europa donde, a través de los resultados de la encuesta de Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2014), se afirma que el 33% de las mujeres de la Unión Europea han sido víctimas de violencia física y/o sexual desde los 15 años. 

En España, el número total de mujeres asesinadas por violencia de género desde el año 2003 hasta el día de hoy es de 1.117. Las víctimas mortales a causa de la violencia machista ascienden a 37 en lo que va de año (noviembre 2021).

¿Cuáles son los tipos de violencia?

La violencia física

La violencia física incluye golpear, quemar, patear, morder, mutilar o matar, y también el uso de objetos o armas. Algunas clasificaciones también incluyen la trata de personas y la esclavitud en la categoría de violencia física porque a menudo se experimenta una coacción inicial, y las personas involucradas suelen terminar siendo víctimas de más violencia como resultado de su esclavitud.

La violencia verbal y el discurso de odio

Muchas culturas tienen dichos o expresiones que dicen que las palabras son inofensivas, y hay una larga tradición que nos enseña a ignorar los ataques verbales. Sin embargo, cuando estos ataques se vuelven regulares y sistemáticos y se dirigen a propósito a los puntos débiles de alguien, la persona objeto de los ataques está en lo cierto al considerarse víctima de maltrato verbal.

La violencia verbal puede incluir temas que son específicos de una persona, como las burlas, la ridiculización, el uso de palabrotas que son especialmente incómodas para el otro, decir cosas malas sobre alguien a quien quiere, amenazar con otras formas de violencia, ya sea contra la víctima o contra alguien querido. En otras ocasiones, el maltrato verbal puede referirse al origen de la víctima, como su religión, cultura, idioma, orientación sexual (percibida) o sus tradiciones. Dependiendo de las zonas más sensibles desde el punto de vista emocional de la víctima, las personas maltratadoras suelen abordar conscientemente estas cuestiones de manera dolorosa, humillante y amenazadora para la víctima.

La mayor parte de la violencia verbal que las mujeres experimentan por ser mujeres es sexualizada, y cuenta como violencia sexual. La violencia verbal de género en la esfera pública también está relacionada en gran medida con los roles de género: puede incluir comentarios y bromas sobre las mujeres o puede presentar a las mujeres como objetos sexuales (por ejemplo, bromas sobre la disponibilidad sexual, la prostitución, la violación). Gran parte de la intimidación está relacionada con la sexualidad (percibida) de los jóvenes (especialmente los varones). El uso negativo habitual de palabras como «marica» o «maricón» suele ser traumático para los que se perciben como gais y lesbianas. Es muy probable que ésta sea una de las razones por las que muchos gais y lesbianas solo «salen del armario» después de la escuela secundaria.

La Comisión Europea sobre Racismo e Intolerancia define los discursos de odio como: la promoción, el fomento o la incitación, en cualquier forma, a la denigración, el odio o el vilipendio de una persona o un grupo de personas, así como el acoso, el insulto, los estereotipos negativos, la estigmatización o la amenaza de esa persona o ese grupo de personas y la justificación de todos los tipos de expresión señalados, por motivos de «raza»8 , color, ascendencia, origen nacional o étnico, edad, discapacidad, idioma, religión o creencia, sexo, género, identidad de género, orientación sexual y otras características o condición personal.

La violencia psicológica

Todas las formas de violencia tienen un aspecto psicológico, ya que el objetivo principal de ser violento o abusivo es herir la integridad y la dignidad de otra persona. Contando con eso, hay ciertas formas de violencia que son perpetradas con métodos que no pueden ser colocados en otras categorías, y que, por lo tanto, se puede decir que abarcan la violencia psicológica en una forma «pura». Esto incluye el aislamiento o confinamiento, la retención de información, la desinformación y el comportamiento amenazante.

En la esfera privada, la violencia psicológica incluye la conducta amenazante que carece de violencia física o elementos verbales, por ejemplo, acciones que se refieren a actos de violencia anteriores, o ignorar y descuidar deliberadamente a otra persona.

La violencia emocional

Consiste, por ejemplo, en minar la autoestima de una persona a través de críticas constantes, en infravalorar sus capacidades, insultarla o someterla a otros tipos de abuso verbal; en dañar la relación de una pareja con sus hijas o hijos; o en no permitir a la persona ver a su familia ni a sus amistades.

La violencia sexual

La violencia sexual, como otras formas de violencia, es un abuso de poder. La violencia sexual incluye: realizar una penetración vaginal, anal u oral no consentida por la otra persona, mediante el uso de cualquier parte del cuerpo u objeto; realizar otros actos no consentidos de naturaleza sexual con una persona; o hacer que otra persona realice actos no consentidos de naturaleza sexual con una tercera persona. La violación conyugal y el intento de violación constituyen violencia sexual. Entre los ejemplos de actividades sexuales forzadas figuran: ser obligado a ver a alguien masturbarse, obligar a alguien a masturbarse delante de otros, el sexo forzado no seguro, el acoso sexual y los abusos relacionados con la reproducción (por ejemplo, el embarazo forzado, el aborto forzado, la esterilización forzada, la mutilación genital femenina).

La violencia socioeconómica 

La violencia económica, consiste en controlar el acceso de las mujeres y/o niñas a los recursos económicos o escolares, disminuyendo la capacidad de las mujeres para mantenerse a sí misma, a sus hijos e hijas y sus hábitos de vida previos, dependiendo financieramente del perpetrador y socavando sus posibilidades de escapar del círculo de abuso.

 

Como vemos, existen distintos tipos de violencia hacia las mujeres. Todas ellas son violencias estructurales porque pretenden mantener o incrementar la jerarquía y subordinación al género masculino hegemónico. A continuación, nos vamos a centrar en la violencia de género por parte de las parejas o exparejas. 

Violencia de género por parte de parejas o exparejas

La violencia de pareja o expareja se refiere al comportamiento de la pareja o expareja que genera un daño físico, sexual o psicológico a la mujer, incluyendo la agresión física, la coacción, el maltrato psicológico y conductas de control (OMS, 2017). De manera que el agresor pretende ejercer control, quitar poder y resistencia a la víctima, así como lograr su dependencia psicológica a través de producir miedo, sumisión, destruyendo su autoestima y su equilibrio psicológico. A su vez, la cultura patriarcal se traslada a la vida íntima de la pareja, reforzando el ímpetu del hombre de creerse superior a la mujer y de tener el derecho a definir las reglas de la relación.

Perfil psicológico del maltratador

No existe un perfil único de maltratador. Aunque cada caso es particular, los siguientes rasgos componen un perfil psicológico habitual en un maltratador. Se puede observar cómo son personas egoístas, machistas y manipuladoras y para las que el maltrato psicológico es su principal manera de relacionarse.

Sesgos cognitivos: psicología rígida

Los agresores suelen tener pensamientos distorsionados sobre los roles sexuales. Consideran que el otro género es inferior a ellos y lo justifican mediante la violencia. Son personas que están repletas de prejuicios, lo que les hace reaccionar de manera violenta.

Baja autoestima

Dificultades de comunicación

Dependencia emocional

Necesidad de control

Al desarrollar ese sometimiento, se sienten en la necesidad y la obligación de controlar todo lo que hace o siente su pareja: su trabajo, las relaciones que tiene con su familia, su círculo de amistades, sus gustos… Desarrolla actitudes de vigilancia extrema y celos enfermizos.

Frustración

Son muy frecuentes los casos en los que, a raíz de su frustración laboral, los maltratadores descargan toda su ira y rabia en el ambiente doméstico. Manifiestan irritabilidad exacerbada y una falta generalizada de control de sus impulsos. Este tipo de violencia, denominada expresiva, tiende a reforzarse a medida que van sucediéndose los episodios violentos.

Sin autocontrol ni empatía

El perfil psicológico de un maltratador se caracteriza por la falta de control emocional de los agresores. Tienen gran dificultad para expresar lo que sienten, no saben reflexionar sobre su yo interior y carecen de cualquier tipo de empatía. Esto les priva de cualquier tipo de remordimiento sobre el daño que han causado a su víctima.

Mentira seductora

Normalmente, conquistan a su víctima seduciéndola. Son personas manipuladoras, usan la mentira y las falsas promesas y son capaces de adoptar cualquier tipo de papel con tal de salirse con la suya.

Es importante destacar que los maltratadores no son enfermos mentales, son hombres machistas educados en una sociedad patriarcal.  

Los primeros signos del maltrato

Ciertos comportamientos, actitudes, comentarios u omisiones son manifestaciones de la violencia de género:

  • Ignora o desprecia tus sentimientos con frecuencia.
  • Ridiculiza, insulta o desprecia a las mujeres en general.
  • Te humilla, grita o insulta en privado o en público.
  • Amenaza con hacerte daño a ti o a tu familia.
  • Te ha agredido alguna vez físicamente.
  • Te aísla de familiares y/o amistades.
  • Te ha forzado a mantener relaciones sexuales en contra de tu voluntad.
  • Te controla el dinero y toma las decisiones por ti.
  • No te permite trabajar.
  • Amenaza con quitarte a tus hijas e hijos en caso de dejarlo.

Una relación saludable es aquella basada en los principios de confianza y respeto mutuo. Si has iniciado recientemente una relación en la que pesan más el control y los celos, y aparecen alguna de las actitudes que citamos a continuación, te recomendamos estar alerta y actuar. No permitas esta situación ya que podría ser el comienzo de una relación de maltrato:

  • Él controla tu manera de vestir.
  • No expresas tus opiniones libremente por miedo a la reacción de él.
  • Él revisa tu teléfono móvil y las redes sociales.
  • Continuamente te sientes inferior o menos que él.
  • Tu pareja muestra celos frecuentemente.
  • Has dejado de salir con tu círculo de amistades porque a él “no le caen bien”.

Ciclo de la violencia

De forma habitual estas acciones de abuso se intercalan con expresiones de afecto y cariño, que el agresor justifica por el gran amor y deseo de protección, perpetuado por el mito del «amor romántico».  Este proceso es el llamado «ciclo de la violencia». Describe tres fases que se van repitiendo de manera constante en una relación de maltrato.

  1. Acumulación de tensión: La hostilidad del hombre va en aumento sin motivo comprensible y aparente para la mujer. Se intensifica la violencia verbal y pueden aparecer los primeros indicios de violencia física. Se presentan como episodios aislados y que desaparecerán, pues ella cree que puede controlarlos. Para ello hace cuanto él le pide, actuando de acuerdo con sus gustos. Según algunas investigaciones las agresiones son independientes de lo que la mujer puede hacer o decir. Como resultado, la tensión aumenta y se acumula.
  2. Explosión o agresión: Estalla la violencia y se producen las agresiones físicas, psicológicas y sexuales. Esta fase suele ser corta y aquí se da la mayor probabilidad de sufrir lesiones graves o de alto riesgo para su vida. Suele ser en esta fase cuando la mujer denuncia o pide ayuda.
  3. Calma o reconciliación o luna de miel: En esta etapa el agresor manifiesta que se arrepiente y pide perdón. Para evitar que la relación se rompa utiliza estrategias de manipulación afectiva (regalos, caricias, disculpas, promesas…). También suele transferir la culpa del conflicto a la mujer, negando su responsabilidad. Ella a menudo piensa que todo cambiará y, con frecuencia, retira la denuncia. Incluso rechaza la ayuda ofrecida por la familia o por servicios sociales y sanitarios. En algunas ocasiones busca justificaciones como que su pareja tiene problemas y que debe ayudarle a resolverlos. En la medida en que los comportamientos violentos se van afianzando y ganando terreno, la fase de reconciliación tiende a desaparecer y los episodios violentos se aproximan en el tiempo.

Consecuencias violencia de género

La violencia de pareja ocasiona graves problemas inmediatos y a largo plazo de salud física, mental, sexual y reproductiva en las mujeres. Además, afecta a sus hijos y tiene un elevado costo social y económico para la mujer, su familia y la propia sociedad.

Las consecuencias psicológicas más frecuentes son el miedo, la culpa, cambios de ánimo, irritabilidad, tristeza, la disminución de autoestima, desorientación, inseguridad e incapacidad y dependencia emocional.

Por otro lado, es importante mencionar a las víctimas invisibles de una relación de maltrato: los hijos. Se ha demostrado que la exposición de los menores a esta violencia doméstica se asocia a una mayor sintomatología depresiva, ansiosa, traumática y a mayores niveles de agresividad ligados a problemas de conducta. Así como una mayor tendencia a poseer baja autoestima y baja competencia social, afectando a sus relaciones de amigos y familiares. Muchos niños además del riesgo de poder quedarse huérfanos, también pueden estar en una situación de riesgo porque se ha demostrado que muchos padres utilizan a los hijos como vía para hacer daño a sus madres, lo que se denomina, violencia vicaria. 

suicidio en poblacion joven

Suicidio en población joven española

La Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) identifica en 2013 tanto al suicidio y a sus intentos como uno de los problemas más graves de salud que pueden afectar a las personas y recomienda a todos sus estados miembros que sea atendido de forma prioritaria para reducir sus tasas.

Prevalencia del suicidio en jóvenes españoles

Cada 20 segundos hay una muerte por suicidio en el mundo y cada 1-2 segundos un intento de suicidio. En España, la tasa de prevalencia del suicidio se sitúa en 7.79 por 100000 habitantes. El suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte en los jóvenes españoles. En 2019, 309 personas de edades entre los 15 y los 29 años se quitaron la vida. El suicidio es la segunda causa de fallecimiento en menores de 15 años (INE). 

¿Qué factores de riesgo conocemos?

Los factores de riesgo son características, condiciones o comportamientos que aumentan la probabilidad de desarrollar la conducta suicida. Los factores de riesgo del suicidio son los siguientes:

  • Trastornos afectivos previos (depresión, por ejemplo).
  • Un intento de suicidio previo.
  • Abandono escolar.
  • Trastornos relacionados con consumo de alcohol u otras sustancias.
  • Ideación suicida previa.
  • Absentismo escolar.
  • Antecedentes familiares de intento de suicidio.
  • Trastorno familiar relacionado con abuso de alcohol o sustancias.
  • Ser víctima de maltrato infantil o acoso escolar.
  • Tener un bajo nivel educativo.
  • Tener un bajo nivel económico.
  • Presentar poca motivación para seguir en la escuela.
  • Tener antecedentes de muerte por suicidio en uno de los padres. 
  • Acontecimientos vitales estresantes. 

¿Qué factores protectores conocemos?

Los factores protectores son aquellos factores que reducen la probabilidad de emitir conductas de riesgo. Estos factores cumplen una función beneficiosa o de protección en el estado de salud del individuo. Los factores protectores para la prevención del suicidio son los siguientes:

Factores personales

  • Salud física y mental.
  • Nivel intelectual elevado y capacidad de aprendizaje.
  • Competencias en solución de problemas, manejo del estrés, resolución de conflictos, comunicación y habilidades sociales (asertividad y solicitud de ayuda), en hábitos saludables. 
  • Variables psicológicas: carácter positivo, sentido de esperanza, optimismo y sentido del humor. Proyecto de vida y profesional. Autoconfianza, autocontrol y estabilidad emocional. Responsabilidad, perseverancia, flexibilidad y capacidad de adaptación. Autoestima, autoimagen y autoconcepto adecuados. Sentido de coherencia y sentido de la vida. Empatía, estilo atribucional positivo, capacidad de automotivarse, apertura a nuevas experiencias, tolerancia a la frustración, inteligencia emocional, facilidad para expresar pensamientos y emociones, religiosidad y espiritualidad. 
  • Buenos niveles de actividad. 

Factores familiares

  • Apoyo familiar y vida en pareja armoniosa. Sentirse perteneciente, amado, aceptado y apoyado.
  • Tener hijos pequeños u otras personas dependientes, sobre todo en el caso de las mujeres.
  • Experiencia maternal o paternal positiva. 

Factores sociales

  • Competencias prosociales. Respeto, solidaridad, cooperación, justicia, tolerancia, inclusión, y amistad. Apoyo e integración social significativa. 
  • Factores socio-culturales y étnicos. Identidad cultural.
  • Apoyo social. 
  • Variables ocupacionales y económicas. Empleo estable y digno. Satisfacción y logro académico. Oportunidades educativas, profesionales, deportivas, recreativas, económicas y de acceso a una vivienda digna.
  • Variables sociosanitarias. Accesibilidad a servicios eficaces de salud mental y de atención a las adicciones. Apoyo y protección a las desigualdades sociales y a las poblaciones vulnerables. Espacios públicos seguros. Formación de personal de atención primaria en detección precoz de enfermedades mentales, conducta suicida y en diversidad sexual. 
  • Dificultad de acceso a métodos letales.

¿Cuáles son las señales de alerta para el suicidio en jóvenes?

Las señales de alerta son aquellos signos y síntomas (comportamiento, ideas o emociones) que nos advierten de que la persona necesita ayuda. Es muy importante conocer cuáles son estas señales de alerta. Las señales de alerta en el suicidio son las siguientes:

Señales de alerta verbales

  • Comentarios o verbalizaciones negativas acerca de sí mismo o de su vida.
  • Comentarios o verbalizaciones negativas sobre el futuro.
  • Despedidas verbales o escritas.
  • Comentarios o verbalizaciones relacionadas con el acto suicida o con la muerte.

Señales de alerta no verbales

  • Frecuentes problemas de salud como fatiga, malestar general, sin motivo.
  • Aburrimiento.
  • Bajo rendimiento escolar.
  • Descuido en su apariencia general.
  • Trastornos del sueño.
  • Aislamiento.
  • Comportamiento impulsivo, agresivo y pre-delictivo.
  • Pesimismo.
  • Perder interés en actividades que, por lo general, se consideran agradables.
  • Pensamientos tristes.
  • Percepción negativa de sí mismo.
  • Ideas de muerte y de suicidio.
  • Intencionalidad suicida con planificación.
dia mundial depresion

Día Europeo de la Depresión: Qué es la depresión

Cuando vivimos una situación complicada (p. ej., pérdida de empleo, ruptura de pareja, cambio de residencia, etc.), es normal que sintamos emociones “desagradables” como la tristeza o el miedo. De hecho, son precisamente estas emociones las que nos avisan de que algo puede no estar yendo bien y las que nos preparan para afrontarlo.

Sin embargo, las estrategias de afrontamiento que usemos para hacer frente a esta situación no siempre serán las más adecuadas y son las que de alguna manera influirán en que desarrollemos lo que comúnmente se conoce como depresión. Por lo que la depresión no es automática, sino que surge como proceso activo para superar una situación dramática.

En consecuencia, el abordaje necesario tendría que incluir el aprendizaje de nuevas herramientas para alcanzar conductas más adaptativas y funcionales para ese nuevo contexto de la persona.

Síntomas de la depresión

La depresión es una etiqueta que engloba conductas que afectan a distintas esferas de la vida del individuo:

  • Alteración del estado de ánimo: tristeza (fundamentalmente), incapacidad para disfrutar, irritabilidad.
  • Alteraciones motivacionales y motoras: inhibición conductual (apatía), reducción y/o deterioro de las relaciones interpersonales, anhedonia (incapacidad para sentir placer) y enlentecimiento motor.
  • Alteraciones cognitivas: contenido inadecuado o irracional de los pensamientos, alteraciones de memoria, atención y concentración y pensamientos recurrentes de muerte y/o suicidio.
  • Alteraciones psicofisiológicas: pueden ser muchas y de diversa índole, como alteraciones en el sueño, fatiga, pérdida de apetito, pérdida de deseo sexual o la aparición de molestias corporales difusas.

sintomas de depresion

Algunos datos sobre la depresión

Esta problemática es muy frecuente en la realidad clínica, a pesar de que actualmente se siga manteniendo un tabú social acerca de su existencia. A continuación, vamos a mencionar algunos datos.

  • La depresión es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad. Se estima que una de cada cinco personas llegará a desarrollar un cuadro depresivo en su vida.
  • Se calcula que afecta a más de 264 millones de personas en el mundo.
  • Afecta más a mujeres que a hombres.
  • El riesgo mayor es para la franja de edad entre 28 y 34 años.
  • Cerca del 60% de los pacientes que ha sufrido un episodio depresivo presenta al menos uno nuevo a lo largo de su vida.
  • Es 30 veces más probable el suicidio en comparación con población general.
  • El suicidio es la principal causa de muerte en jóvenes en España.
  • La depresión es una de las causas principales de baja laboral y tiene gran impacto socioeconómico.
  • El 46% de la población española manifestó un aumento del malestar psicológico durante el confinamiento. Una de cada cinco personas que han pasado el COVID, se ha enfrentado por primera vez a un diagnóstico de ansiedad, depresión o insomnio.


datos sobre la depresion

¿Cómo superar la depresión?

Las terapias psicológicas son determinantes para abordar la depresión. Las investigaciones más recientes confirman que las técnicas conductuales son las que mejores resultados obtienen y las de mayor fundamentación empírica. Se ha demostrado que la terapia cognitivo-conductual es más eficaz previniendo las recaídas y recurrencias de la depresión que el tratamiento agudo con medicación antidepresiva.

superar la depresion

Terapia para salvar la relación de pareja

La vida en pareja no siempre es fácil. Ni siquiera cuando las dos personas son totalmente compatibles y afines. El trabajo, la rutina y los problemas cotidianos son una amenaza constante que es necesario mantener a raya para disfrutar de la vida en común. Pero, a veces, las parejas no lo consiguen y la falta de comunicación termina hasta con las uniones más perfectas. Por eso es importante estar alerta y pedir ayuda externa cuando sea necesario. La terapia de pareja funciona y nos ayuda en momentos puntuales para evitar problemas a largo plazo.

La terapia de pareja se popularizó en Estados Unidos en la década de los cincuenta, cuando se empezaron a tratar los problemas de la psicología en el ámbito familiar. Después, numerosas películas y directores de cine, como Woody Allen, nos han enseñado en la pantalla por qué las parejas acuden a un tercero a airear sus asuntos personales, cómo funcionan esas sesiones y por qué debemos normalizarlas sin dramatizar. De hecho, acudir a terapia permite conocernos mucho mejor y, a partir de ahí, tomar las decisiones correctas para mejorar nuestras relaciones con los demás. No obstante, la terapia de pareja también sirve para superar una ruptura de la mejor manera posible.

Las parejas viven ciclos. Todo el que haya tenido esta experiencia lo sabe. En ocasiones, esos ciclos no son todo lo buenos que nos gustaría y una mala gestión de nuestras emociones puede dar al traste con todo un proyecto de vida. Vivir en pareja es una opción personal en la que se toman decisiones, se cometen errores, se disfruta, se sufre y todo ello requiere recursos emocionales que tenemos que aprender a manejar. Si para ello contamos con apoyo profesional el proceso será más sencillo.

Disfrutar

Acudir a terapia no significa que la relación haya fracasado o que nos hayamos acostumbrado a las crisis, sino que supone un primer paso para evitar que cualquier conflicto, sea cual sea su origen, se enquiste y no nos permita disfrutar de nuestra pareja o del entorno familiar. Por eso, se recomienda en cuánto saltan las primeras alarmas y no dejar pasar el tiempo sin hacer nada. La duración de la terapia depende de cada caso concreto pero no conviene alargarla en el tiempo, según los expertos. Es importante que las parejas vayan obteniendo pequeños logros y que sepan apreciarlos.

Así, cuando existen ganas de mejorar y compromiso, las terapias suelen ser cortas: no más de doce sesiones. Sin embargo, cuando los conflictos están más arraigados o no existe un clara voluntad de cambio, el tratamiento será mucho más largo. Lo importante es que cada uno sepa qué quiere conseguir con la terapia y cómo ve su pareja en un futuro no muy lejano. El terapeuta marcará los ritmos y trabajará las debilidades de la relación para conseguir los objetivos terapéuticos.

Para empezar, tu terapeuta te ayudará a:

  • Reflexionar sobre las expectativas de la relación.
  • Analizar los comportamientos que perjudican la vida en común y tomar conciencia de las distintas responsabilidades en el conflicto.
  • Ver los problemas desde diferentes perspectivas.
  • Crear buenos hábitos de convivencia.
  • Mejorar la comunicación: respetuosa, constructiva, positiva.
  • Gestionar y expresar mejor las emociones y los sentimientos.

A lo largo del proceso, las parejas se sienten enriquecidas, tanto de manera individual como dentro de la relación. Al final, se trata de conseguir esa sensación de haber tomado una buena decisión que va a redundar en una mejor calidad de vida emocional.

Salvar la relación de pareja

Propósitos y ansiedad

Pixabay.

Estrenar un nuevo año conlleva siempre una lista de buenos propósitos: practicar deporte, dieta sana, aprender idiomas, leer más, dejar ese trabajo que no nos llena, ahorrar, etc. Para que esos objetivos se cumplan y no queden en meras intenciones debemos ser realistas y planificarlos bien. Si no, dichos propósitos pueden generar ansiedad, estrés, frustración y otros problemas psicológicos. La ayuda de un especialista nos ayudará a definir nuestros próximos logros y trazar una estrategia para alcanzarlos.

Enero es un buen momento para hacer planes, marcarse objetivos, proponer cambios o retomar aficiones abandonadas. Hacer propósitos es, sin duda, muy sano: nos ayuda a reflexionar y a hacer balance de nuestra situación personal y profesional. También nos permite pensar si estamos viviendo la vida que queremos o en qué aspectos la podemos mejorar. En definitiva, tener propósitos nos empuja a tomar las riendas de nuestra situación y a ser responsables. Pero no hay que obsesionarse y menos en un momento de pandemia como este, en el que todo está por ver. Por eso, ante un año por estrenar, en el que todo se presenta incierto, los psicólogos recomendamos más autocontrol y una gran automotivación. Es el primer paso para que, en febrero, esos planes continúen adelante y seamos capaces de avanzar.

Y es que, todos sabemos que, con el paso de las semanas, esos propósitos se quedan en nada y solo nos generan más angustia. Las causas del abandono son variadas y, en muchas ocasiones, están relacionadas con nuestra salud mental y la propia gestión de las emociones. Además, cuestiones como la falta de organización y de compromiso, el estrés y las rutinas diarias hacen que muchos de esos objetivos queden en segundo plano y se vayan diluyendo.

Emociones

Para algunas personas, el problema está también en no saber realmente cuál es su propósito o incluso confundirlo con la búsqueda de algún talento o vocación frustrada. Para otras, las emociones negativas acaban minando su fuerza de voluntad y la motivación. Por eso, la ayuda de un terapeuta nos va a facilitar el camino y nos va a permitir que lleguemos firmes a la meta. Como dice, Veintidós, una de los protagonistas de Soul, el último estreno de Pixar, “soy buena en eso de caminar”. Así, la película nos invita a dejar de buscar desesperadamente ese propósito de vida que quizá es más simple de lo que pensamos y a disfrutar de todo que aquello que nos proporciona felicidad aquí y ahora.

No obstante, si ya has hecho tu lista, desde Centro Albea te animamos a:

  • Pensar que detrás de cada propósito tiene que haber un plan de acción. La improvisación no sirve.
  • Concretar tus objetivos y ser lo más realista posible.
  • Poner metas a corto plazo: lograrlas hará que aumente tu motivación.
  • No abandonar al primer contratiempo: piensa que alcanzar un objetivo casi nunca es fácil.
  • Revisa los objetivos iniciales y adáptalos si tus circunstancias cambian.
  • Pedir ayuda si la necesitas: hará que el trabajo sea más llevadero.
  • Compartir los logros con las personas de tu entorno: de esta manera refuerzas tu estrategia y aumenta tu motivación.
  • Tener paciencia: casi todos los cambios requieren tiempo.
  • Disfrutar del camino y aprender de los errores.

Piensa que tienes todo un año para poner en práctica tus intenciones, pero también para ver qué es lo que realmente te motiva, qué recursos tienes y qué herramientas. El terapeuta te ayudará a mantenerte firme, a no decaer a la primera y a conseguir avanzar en todos tus propósitos.

Normalizar la terapia

La actriz Natalia Sánchez reconocía recientemente en una entrevista que iba a terapia desde que tenía once años. Contaba que para su familia acudir al psicólogo era algo natural y que a ella siempre le había ayudado mucho recibir apoyo profesional. Natalia lanzaba ese mensaje para normalizar la necesidad de ir al psicólogo y eliminar  prejuicios entorno a la salud mental. Declaraciones como esta ayudan a reconocer la importancia de contar con herramientas y recursos que nos permitan cuidar de nuestra salud mental y emocional.

Sin embargo, para algunas personas ir al psicólogo sigue siendo un tema tabú, cuando no debería ser así. De la misma manera que cuidamos de nuestro cuerpo, acudiendo a toda clase de especialistas médicos, debemos hacer lo mismo con nuestra mente. Y es que uno puede ir al psicólogo por muchas razones y todas son válidas. No obstante, en ocasiones, la mente emite algunos indicios que señalan que debemos pedir ayuda profesional. Aprender a reconocerlos forma parte de nuestro proceso de educación emocional.

Entre esas señales, los expertos coinciden en un sentimiento de tristeza o malestar permanente, en la recurrencia de pensamientos negativos, en las dificultades para conciliar el sueño.  También citan el cambio de hábitos alimenticios,  las malas relaciones de pareja, el aumento de la ansiedad y el estrés, sentir una mayor agresividad hacia el entorno que nos rodea o hacia las personas cercanas y la sensación de haber perdido el control de nuestra vida.

Estos síntomas pueden aparecer de manera aislada o varios al mismo tiempo. Por eso, debemos mantenernos alerta y dedicar tiempo a pensar en cómo nos encontramos, cómo queremos estar y cómo podemos mejorar nuestro bienestar. Debemos de ser conscientes de que las situaciones de estrés o de pérdida de control pueden darse en cualquier momento de nuestras vidas, incluso en la infancia  y hay que saber reaccionar para evitar problemas más graves a largo plazo. Y sobre todo, nunca debemos ver estas situaciones como una debilidad o un fracaso.

Terapia infantil

Además, en el caso concreto de la terapia infantil, los motivos de consulta pueden ser otros como problemas de aprendizaje, problemas de atención e hiperactividad, problemas de conducta, duelo por el fallecimiento de algún familiar, ansiedad y trastornos del sueño, fobias, acoso escolar o sufrimiento por la separación de los padres, entre otros. Los expertos recomiendan siempre estar atentos a cualquier cambio en el comportamiento del niño, tanto en lo social como en lo académico. Son ellos lo que nos lanzan las señales de alarma y debemos aprender a reconocerlas. Por ejemplo, que un niño se porte mal de manera continuada o en contextos inapropiados puede ser un indicador a tener en cuenta.

Por eso, en Centro Albea ayudamos también a las familias para que el hecho de llevar a su hijo al psicólogo esté libre de prejuicios. Hay que desterrar estereotipos relacionados con la locura que permitan a esos niños recibir la ayuda de un especialista.

En Centro Albea contamos con un equipo multidisplinar que abarca la terapia personalizada en cualquier tramo de edad. Debes saber que no todos los problemas son iguales y que la duración de la terapia dependerá de las necesidades específicas de cada caso. Además, para un buen resultado es necesaria tu colaboración, tu implicación y, en ocasiones, también la de tu entorno. Antes de empezar cualquier terapia deber estar confiado y saber que vas a estar en buenas manos.

Convivencia familiar en tiempos de pandemia

La crisis del coronavirus ha golpeado la vida familiar y social de millones de personas sin previo aviso. El confinamiento obligatorio y las nuevas restricciones han modificado nuestros hábitos laborales, sociales y académicos. Y aunque existen personas con una gran capacidad de adaptación al cambio, la mayoría de nosotros nos hemos visto obligados a resolver la situación de la mejor manera posible, a golpe de improvisación. Esto, ocasiones, ha generado ciertas fricciones en la convivencia de los hogares y también en la manera de relacionarnos con nuestros hijos y familiares que han aumentado la demanda de ayuda profesional.

Para los expertos, este problema de convivencia surge porque la crisis ha servido para mostrar nuestro lado más frágil, nuestras incertidumbres y nuestros miedos. Sin darnos cuenta, hemos trasladado esos temores a nuestros hijos que ahora nos ven inseguros, con menos autocontrol y con algunas debilidades. Además, hemos compartido mucho más tiempo juntos lo que aumenta las posibilidades de conflicto, especialmente en los hogares con hijos adolescentes o problemas previos. Al mismo tiempo, también se han  generado situaciones en las que hemos podido disfrutar de ese tiempo extra, de buenos ratos en familia y de nuevas aficiones que nos demuestran ese lado positivo de la convivencia.

Avanzar

Así, estamos en un momento en el que ya podemos hacer balance de esa situación excepcional que hemos vivido y que  nos ha dejado una nueva vida. Y es que, consideramos que es un error pensar en volver a lo de antes. Lo que debemos hacer es avanzar para gestionar mejor esas nuevas rutinas impuestas por el Covid-19, para mejorar nuestro autocontrol y para reducir el estrés y la ansiedad que nos provoca vivir sin saber realmente qué pasará mañana. La mayoría de nosotros estábamos acostumbrados a tenerlo todo pautado, a responder a unos horarios marcados por el trabajo y las actividades de los hijos y desde marzo, hemos perdido ese control. Para empezar a cambiar las cosas, hay algunos consejos que podemos seguir en cualquier momento:

  • Favorecer la comunicación: que esa comunicación sea honesta, sana, respete la pluralidad y sea enriquecedora.
  • Respetar el espacio y el tiempo de los demás miembros de la familia.
  • Repartir responsabilidades y compartirlas cuando sea necesario.
  • Establecer normas que regulen la vida en familia: horarios, tareas, etc.
  • Mantener el orden y la organización. Un entorno agradable ayuda siempre a reducir el estrés.
  • Buscar aficiones y gustos comunes y crear espacios para compartirlos.

Desde Centro Albea recomendamos desarrollar una respuesta adaptativa para todas aquellas familias que tengan algún problema de convivencia. Desde aquí vamos a ofrecerte estrategias de comunicación, de autoconocimiento y de organización dentro del ámbito familiar que os van a ayudar a gestionar mejor todas esas situaciones que pueden deteriorar la convivencia. Esta crisis puede ser una oportunidad para conocernos mejor, saber qué es realmente lo que queremos, poder compartir tiempo con los demás y ayudarnos.

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