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Respirar correctamente previene la ansiedad

Respirar correctamente previene la ansiedad

¿Te has fijado alguna vez cómo respira un bebé? Observa

Fíjate en la respiración de un bebé. Cuando está durmiendo, por ejemplo. Verás como su tripita sube cuando coge aire y como su tripita baja cuando echa aire. Naturalmente, su respiración es profunda y permite aportar una gran cantidad de oxígeno a su organismo al llenar los pulmones de aire desde la parte baja. Esta respiración es sana y recibe el nombre de abdominal o diafragmática.

¿Te has fijado alguna vez cómo respiras tú? Haz la prueba

Pon tu mano derecha en la tripa y tu mano izquierda en el pecho. Cierra los ojos. Respira. Observa. ¿Cuál de tus dos manos se mueve más? Es posible que al respirar solo notes moverse tu mano izquierda; al inhalar la mano sube porque sacas pecho y al exhalar la mano baja porque metes el pecho hacía dentro. ¿Es así? En este caso podemos decir que estás realizando una respiración más superficial que la del bebé, más corta y a través de la que aportas una cantidad más pequeña de oxígeno a tu organismo al llenar solo la parte superior de los pulmones. Esta respiración recibe el nombre de clavicular.

Sabemos que la respiración abdominal o diafragmática es de suma importancia para sentirnos mejor. Volver a respirar como cuando éramos pequeños y corregir esta respiración clavicular nos ayudará a prevenir la ansiedad, a aliviar ese nudo en el estómago cuando estamos con nervios, a afrontar una situación que nos da miedo, a conseguir más serenidad a lo largo del día, a regular emociones como la ira o los impulsos y a suavizar la tensión muscular general.

¿Recordamos cómo respirar bien? Practica la respiración abdominal

Sigue estos sencillos pasos y verás cómo tu cuerpo te lo agradece:

  1. Túmbate en un sitio cómodo, ponte boca arriba, coloca un cojín debajo de la cabeza y otro debajo de tus rodillas (sin doblarlas). Tu cuerpo está en horizontal, sin tensión.
  2. Coloca tu mano derecha en la tripa y tu mano izquierda en el pecho.
  3. Observa durante 1 o 2 minutos como el aire entra en tu organismo y como sale. Respira tranquilamente.
  4. Cuando te apetezca empezar el ejercicio de la respiración profunda, expulsa todo el aire que tienes en tus pulmones, haciendo suspiros para vaciar bien todo el aire que tengas en tu cuerpo.
  5. Coge mucho aire con la nariz, saca la tripa hacia fuera como si dentro hubiera un globo que tienes que hinchar; nota como tu mano derecha sube; lleva todo el aire que puedas hasta tus costillas, hasta tu pecho, hasta tu garganta; nota cómo tu mano izquierda sube. Tienes que visualizar como el aire llena primero tu tripa, luego hincha los costados, sube por tus pulmones y finalmente llega a tu garganta.
  6. Cuando ya no puedas coger más aire y lo hayas llevado hasta la garganta, bloquéalo allí contando uno, dos, tres.
  7. Exhala el aire por la nariz muy despacio como si fuera un hilito de aire.
  8. Respira normal durante 2-3 minutos.

Te aconsejamos que empieces a practicar esta respiración sana dos veces al día. Por la mañana, durante 6 minutos, hacer 3 respiraciones profundas (cada 2 minutos 1 respiración). Por la noche, repetir el ejercicio (durante 6 minutos, hacer 3 respiraciones profundas. Cada 2 minutos 1 respiración).

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Alexandra Crettaz

Psicóloga especializada en Terapia Clínica con adultos y experta en Sexología. Comprender y entender cómo funcionamos las personas me apasiona. Me encanta compartir las pequeñas alegrías del día a día con mi gente y descubrir sitios nuevos.

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