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Miedos infantiles

Entendemos el miedo como una emoción adaptativa ante situaciones que implican peligro o amenaza para la persona. Es por ello una reacción básica  y necesaria de la naturaleza humana. Si no tuviéramos miedo, nos expondríamos a nosotros mismos a situaciones de peligro constante poniendo en riesgo nuestra integridad y nuestra supervivencia.

Esta emoción conlleva una manera particular de conducta (el comportamiento que emitimos cuando reaccionamos al estímulo que nos da miedo), pensamientos relacionados con ese estímulo temido y reacciones fisiológicas  propias de la emoción (sudoración, aceleración del ritmo cardiaco). Todo ello, nos prepara para reaccionar lo más eficazmente posible al estímulo percibido como peligroso.

En el proceso de desarrollo del ser humano, atravesamos diferentes etapas evolutivas, cada una de ellas caracterizada por diferentes peculiaridades. En este artículo nos centraremos en los miedos infantiles como parte natural del aprendizaje de conductas y experiencias vitales que el ser humano atraviesa en esta etapa desde el nacimiento hasta los 12 años.

Qué son los miedos infantiles

Cuando hablamos de miedos infantiles, nos referimos a aquellos miedos también llamados “evolutivos”, puesto que aparecen asociados a determinadas etapas del desarrollo y también, a su vez, son miedos que desaparecerán conforme se alcanza mayor nivel de madurez.

Son tres las características de los miedos infantiles:

  • El miedo forma parte del desarrollo normal del niño. Entendemos por tanto que a lo largo del desarrollo, estos miedos serán una reacción natural.
  • La mayoría de los miedos infantiles son transitorios, y están vinculados a etapas evolutivas concretas, por lo que aparecen en determinadas edades y posteriormente desaparecen.
  • No hay que verlos como algo negativo. Las experiencias que el niño va teniendo asociadas a las emociones que producen estos “miedos evolutivos”, le proporcionarán habilidades de afrontamiento que le serán de ayuda para adaptarse mejor.

La evolución de los miedos infantiles en función de la edad y el desarrollo

En los primeros meses de vida, el niño responde ante los estímulos que le atemorizan mostrando signos de malestar como llanto y gritos. Estas reacciones tienen una utilidad adaptativa incuestionable, puesto que alertan a la madre o padre para que acudan y así sentirse seguros.

Los miedos más característicos en estos primeros meses son:

  • De 0-6 meses: Pérdida súbita de soporte o ruidos fuertes.
  • De 7 a 12 meses: Miedo a las personas extrañas, objetos que surgen súbitamente.
    Es verdad que las personas desconocidas no son peligro en sí mismas, pero están asociadas a un incremento del riesgo de sufrir algún daño. Estos miedos conllevan el haber desarrollado una madurez cognitiva que le ha permitido retener y diferenciar lo familiar de lo extraño.
  • Con 1 año de vida, los miedos giran en torno a la separación de los padres y las personas desconocidas.
  • De los 2  a los 5 años aumentan considerablemente los miedos: ruidos fuertes, animales grandes, la oscuridad, objetos o máquinas grandes,  separación de los padres, la gente “mala”.
  • En la etapa siguiente, de los 6 a los 8 años empiezan a surgir nuevos temores. A los 6 o  7 años, aparecen los miedos a seres sobrenaturales (monstruos, brujas), a dormir solos, a sufrir lesiones corporales.
  • A los 9 y hasta los 11 se asocian más a situaciones que implican daño físico, miedo al fracaso o a hacer el ridículo, por ejemplo, miedo a los exámenes escolares, rendimiento académico, así como también a las tormentas y la muerte.
  •  A partir de los 12 y en la adolescencia se incrementarán los miedos relacionados con las situaciones sociales: el temor al fracaso, las interacciones personales etc.

¿Cómo actuar ante los miedos evolutivos?

  • Crear en el hogar un clima de seguridad: Transmitir tranquilidad y calma ayuda a que los miedos se regulen y no se conviertan en grandes miedos más complejos de gestionar. No nos olvidemos de que las emociones se contagian, y si las figuras de referencia adultas transmitimos serenidad, el miedo se reducirá y será más llevadero.
  • Evitar la sobreprotección: Podemos tener la tentación de evitar a toda costa que se vean en situaciones de miedo protegiéndoles de todo aquello que les pueda hacer pasar un mal rato. Esta manera de actuar no les ayuda a solucionar el miedo; sólo a evitarlo, lo que hará que se mantenga y no se consiga gestionar adecuadamente.
  • Fomentar la independencia: Ayudarle a que poco a poco se vaya enfrentando a la situación temida, y promoviendo su autonomía en general, conseguiremos que el niño reduzca los miedos ganando confianza en sí mismo y en sus capacidades.
  • Hablar de emociones: Una técnica estupenda para trabajar la inteligencia emocional en general, y para ayudarles con sus miedos en particular, será el conversar acerca de las emociones, de las situaciones que le hacen sentir miedo, y darles así la oportunidad de verbalizar lo que sienten. Ponerle palabras a las emociones nos ayuda a ser conscientes de ellas y a gestionarlas mejor. Es una buena oportunidad para empatizar con ellos y que se sientan comprendidos. No juzgar nunca las emociones de los más pequeños.
  • Refuerzo social: Cada vez que se exponga a su miedo, lo supere, o consiga avanzar un poquito… será importantísimo que lo reforcemos. El refuerzo social es aquel que consiste en cariño, palabras de ánimos y felicitaciones. Es el refuerzo que mejor funciona ¡Mejor que comprarle cualquier juguete!

Conclusiones finales

Los miedos evolutivos forman parte natural del desarrollo del niño. Algunos presentarán unos miedos y otros sin embargo sentirán miedos diferentes. Unos más y otros menos. Normalizarlos es una buena estrategia para superarlos con éxito. Acompañar a vuestros peques en este proceso forma parte importante de su educación y desarrollo.

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Nuria Pozueta

Psicóloga especialista en terapia de conducta y psicología clínica infanto juvenil. Vivo mi profesión con pasión y dedicación. Amante de los animales, la naturaleza y los buenos ratos con amigos.

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