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Las trampas que ponen a prueba nuestro equilibrio emocional

Las trampas que ponen a prueba nuestro equilibrio emocional

No puedo ahorrarte el disgusto de no conseguir todo lo que te propongas, no tengo consuelo para las pérdidas inevitables que vas a tener a lo largo de tu vida, tampoco quiero prometerte que vayas a estar bien siempre. Lo que sí quiero es ayudarte a comprender cómo las personas podemos llegar a agravar nuestro “mal de ánimo” en los momentos difíciles de la vida. Un acontecimiento vital adverso como puede ser una pérdida, un problema o conflicto, una duda o la dificultad para afrontar los retos de la vida, puede precipitar un estado depresivo. Y sin embargo, no todas las personas nos deprimimos ante estos sucesos ¿Por qué? Porque hay quién tiene las herramientas para afrontar estos sucesos de un modo constructivo y saludable, y hay quién escoge vías que prolongan y agravan su sufrimiento.

Lo que me gustaría explicarte hoy son las distintas vías desde las que podemos entrar o permanecer en estados de ánimo deprimidos, y cómo poder retomar el camino hacia la mejoría. Me refiero tanto a sentirse mal o muy mal, como a no sentirse bien. Puedo estar triste, llorando, con ideas de desesperanza, perder el apetito, no tener ganas de nada; o puedo estar con poca energía vital, sentir que no me llenan las cosas que hago, no encontrar tanto interés en mi día a día, tener menos confianza, relacionarme menos. Bien sea por sentir afectos negativos, bien sea por no sentir afectos positivos, en ambos casos estamos ante un estado de ánimo perturbado ¿Me explico? Se asemeja al concepto de salud, entendiéndolo no solamente como ausencia de enfermedad sino también como estado de bienestar.

Una aclaración antes de seguir: no estoy de acuerdo con la idea de que hay que eliminar las emociones negativas, tampoco es necesario tender a estados emocionales siempre mejores o positivos. Creo en la función del complejo repertorio emocional del ser humano, lo agradable y también lo desagradable. Convivir con ello forma parte de la experiencia de la vida; pero en ciertas ocasiones podemos aprender a modular y regular aquellas emociones que nos entorpecen el disfrute de la vida o nos dificultan levantarnos de los obstáculos.

Trampa 1: la evitación

El primer camino que una persona puede seguir para sentirse peor es a través de lo que hace, no hace o ha dejado de hacer. Si algo no va bien en su vida, esa persona tenderá a evitar aquello que le recuerde lo mal que se encuentra. También es posible que no se sienta con fuerza para iniciar cada día. Lo que muy probablemente empezará a hacer es aislarse, rechazar los contactos sociales, posponer sus responsabilidades y obligaciones, claustrándose si no en la cama al menos en casa. En un primer momento esta conducta le va a aliviar y le va a ahorrar cualquier esfuerzo, haciéndole sentirse mejor; pero sabemos que seguido de ello aparecen otras consecuencias muy perjudiciales. La disminución del refuerzo positivo que nos aportaba aquello que hemos dejado de hacer o de buscar, mantiene y empeora nuestro estado de ánimo. Vemos como la vía escogida por esta persona, tratando de evitar sentirse mal, es un camino equivocado.

¿Cómo podríamos ayudar a esta persona a salir de este bucle de apatía y falta de ganas? Buscando con ella lo que era importante y ha dejado de serlo, redefiniendo lo que puede dar sentido a su vida, y realizar una activación conductual. Esta técnica consiste básicamente en sustituir la evitación y el aislamiento por una actitud más participativa, de volver a retomar el contacto social, las actividades productivas y de ocio, de seguir adelante con los objetivos y propósitos, de compartir experiencias con personas significativas y de retomar un día a día normalizado. Es posible que en ocasiones hayamos de añadir al repertorio de actividades nuevas opciones.

Trampa 2: los pensamientos

El segundo camino que una persona puede seguir para sentirse peor es a través de lo que piensa. La realidad que vive está siendo interpretada por su mente de manera continua. Un hecho en sí no es ni bueno ni malo, es la persona quién, al analizarlo, le da un valor u otro. Llover no es malo en sí, pero se puede convertir en un hecho molesto para Mireia, que tenía previsto irse a la playa. Un error en la interpretación de lo que acontece en la vida puede mantener y empeorar un estado depresivo. Las distorsiones cognitivas son interpretaciones erróneas de la realidad; pensar así lleva a una persona a percibir y sentenciar el mundo de manera poco objetiva. Algunos ejemplos de estos errores son “No encuentro trabajo porque soy un desastre”, “Es mejor que no lo intente porque fracasaré y será horrible”, “Aunque me esfuerzo no consigo ser tan agradable como mi compañero”, “O saco un 10 en el examen o soy un fracaso”, “Me salió bien la cena pero fue casualidad”, “Siento terror de subirme al avión, es muy peligroso volar”, “Mi novio me dice que soy una inculta, seguro que tiene razón”, “Estoy seguro de que aunque salga con mis amigos me sentiré mal”, “Soy  lo peor”, “Me ha salido muy mal la ponencia, es horrible y no lo puedo soportar”, “Sé que mi padre, en el fondo, piensa que soy un inútil”, “Me ha llamado mi chica para quedar pero si hubiera querido de verdad me habría vuelto a llamar”,  “Me he equivocado en esto, nunca seré capaz de elegir nada bien”. Estos son solo algunos ejemplos de interpretaciones equivocadas.

Otro de los errores que cometemos las personas en nuestro modo de pensar tiene que ver con haber asimilado e interiorizado una serie de creencias que son exageradas, irracionales y que solo pueden llevar a la culpa y a la frustración porque son imposible de cumplir. Así, por ejemplo, si creo que para ser feliz debo ser amado y aprobado por prácticamente cada persona significativa de mi entorno, o si pienso que para considerarme a mí misma valiosa debo ser muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles, o si estoy convencido de que es tremendo y catastrófico el hecho de que las cosas no vayan por el camino que a mí me gustaría que fuesen, entonces será muy difícil que pueda fluir con la vida y con los demás.

¿Cómo podríamos ayudar a esta persona a salir de esta manera de pensar negativa y tremendista? Se trata en un primer momento de hacerle ver cómo algunas de sus interpretaciones son erróneas y de que está usando pensamientos distorsionados. Entenderá cómo esto ocasiona o propicia sentir malestar. De lo que se trata es de enseñarle a generar pensamientos alternativos más realistas y más constructivos, que sirvan para protegerle de los obstáculos de la vida en vez de fragilizarle. Por ejemplo, en el caso de que la persona piense “soy incapaz de conseguir nada por mí misma”, tendremos que ofrecerle un pensamiento alternativo como podría ser “soy capaz de conseguir la mayoría de las cosas por mí misma”, a la vez que le ayudaremos a buscar en su día a día acciones que demuestren esta nueva creencia sobre sus capacidades. En otro caso, si la persona tiene la creencia irracional de que para considerarse valiosa debe ser muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles, podremos ayudarle a comprender que este mandato es imposible de cumplir, de que no es realista y de ayudarle a cambiarla o ajustarla a la realidad.

El arte de la terapia cognitiva y la técnica de la reestructuración cognitiva han mostrado una alta eficacia para ayudar a los individuos a pensar mejor para sentirse bien.

Trampa 3: las emociones

El tercer camino que una persona puede seguir para sentirse deprimida es gestionando mal sus emociones. Ante emociones dolorosas, desconocidas o negativas, la tendencia humana es el rechazo. Se cree que cualquier síntoma emocional que ha sido identificado como “malo” debe ser eliminado.  Para ello, utiliza caminos erróneos para controlarlo. Así por ejemplo puede evitar cualquier estímulo que le haga sentir esta emoción, o si la emoción que quiere evitar sentir ya está instalada tratar de hacer como que no está allí. Puede querer suprimirla, castigándose o escondiéndose de esto que aflora en su mente y cuerpo. O también puede iniciar un proceso de rumiación, dándole mil vueltas a lo mismo. Ninguna de estas estrategias resulta útil. Haciendo un paralelismo con el dolor, a lo que estamos acostumbrados es a tomar un analgésico para que se nos pase; a veces funciona, a veces no. El problema con las emociones es que además de que no se pueden erradicar, so pena de convertirnos en personas totalmente frías y apáticas, son útiles. Lo que pasa es que no nos han enseñado a relacionarnos con ellas.

¿Cómo podríamos ayudar a esta persona a llevarse mejor con todo el repertorio de sus emociones?

La palabra clave es regulación emocional; esto es, la capacidad para manejar las emociones de forma apropiada. La regulación puede realizarse de diversas maneras. Mediante la expresión: comunicar lo que siento, quiero, necesito resulta ser esencial para canalizar las emociones. Mediante la desactivación: entrenarse en técnicas de respiración y de relajación para suavizar determinadas emociones, como por ejemplo la ansiedad y el estrés. Mediante la re-evaluación: analizando el modo en que estoy interpretando lo que estoy sintiendo influye en cómo lo estoy experimentado. Será muy útil revisar las razones que me llevan a rechazar algunas emociones y quizás cambiar alguna actitud. Mediante la aceptación: consiste en abandonar la búsqueda permanente de bienestar, dejar de batallar contra nuestros síntomas, y empezar a plantearnos las experiencias como soportables. Técnicas de la Terapia Cognitivo-conductual, La Inteligencia Emocional y la Terapia de Aceptación y Compromiso son estrategias de intervención psicológica eficaces para el propósito de la regulación emocional.

 

 

Es muy interesante descubrir y entender qué es lo que esconde el sufrimiento y malestar de una persona, aunque no siempre resulte evidente ni explícito. Entender los estados depresivos desde la conducta, desde el pensamiento, o desde la emoción; de eso trata la terapia psicológica. En ocasiones el abordaje terapéutico ha de llevarse sobre todas estas dimensiones. Los profesionales de la Psicología Clínica pueden ayudarte en este proceso.

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Alexandra Crettaz

Psicóloga especializada en Terapia Clínica con adultos y experta en Sexología. Comprender y entender cómo funcionamos las personas me apasiona. Me encanta compartir las pequeñas alegrías del día a día con mi gente y descubrir sitios nuevos.

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