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La aventura de educar, 10 consejos útiles para padres y madres

La aventura de educar, 10 consejos útiles para padres y madres

¿Necesitas un pequeño empujón para mejorar la relación con tus hijos? ¿Quieres vivir tu maternidad/paternidad de una manera más positiva? Este artículo está pensado para ti. No para solucionar ningún problema en concreto, sino para aportar unas pinceladas de mejora aplicables a cualquier familia. A diario trabajamos con padres y madres que nos exponen las diferentes dificultades que se encuentran en la educación de sus hijos. Lo que escribo a continuación es una recopilación de algunas de las pautas que considero que pueden ser de interés para fortalecer la relación entre padres e hijos fomentando el bienestar de todos.

El mejor regalo: Tu tiempo

Cada minuto que pasas con tu hijo cuenta. La agenda es apretada y a veces hay que hacer malabares para llegar a todo: trabajo, casa, hijos, pareja, deporte… No se trata de renunciar a nada, sino de vivir conscientemente cada minuto de cada actividad que realizamos. Tu tiempo es oro, especialmente el que le dedicas a tu hijo. Es por tanto importante diferenciar el “pasar tiempo juntos” del “hacer cosas juntos”. Por ejemplo, no es lo mismo que tu hijo juegue y tú le hagas compañía mirando tu email en el móvil, que sentándote en el suelo jugando con él. ¡Practica más a menudo la segunda opción!

Adiós a las prisas

El estrés es un mal aliado. Ir con prisa y correr para llegar a todo, genera estrés en los padres y, como consecuencia, también en los niños. Además de los inconvenientes a nivel emocional de las prisas, no olvidemos que el aprendizaje requiere tiempo y las prisas son un gran enemigo para ello. Tomaros vuestro tiempo. Por ejemplo, si quieres que aprenda a vestirse solo, tal vez sea buena idea levantarse 10 minutos antes y así dejarle tiempo para que lo pueda hacer (y así no acabar vistiéndole tú porque “no llegáis”).

Haz equipo con tu pareja

La transición de pareja amorosa a pareja de crianza es algo deseado y emocionante, aunque también, en ocasiones, difícil de gestionar. La comunicación y el cuidado de la intimidad serán clave para que la pareja se mantenga fuerte y unida. Unos padres en unidad aportan gran seguridad y cariño al sistema familiar, y repercute muy positivamente en el desarrollo de los hijos.

Eres modelo

Tus hijos te observan, ven cómo reaccionas ante diferentes situaciones, cómo te relacionas con las personas (si saludas a la vecina, si das las gracias, si pides las cosas por favor, si le gritas al coche que te adelanta…); detectan tus emociones (el ser humano está programado para percibir las emociones a través de la expresión facial y corporal). Y lo hacen porque una de las vías más importantes de aprendizaje es a través de la observación. Un dato importante a tener en cuenta, ya que calará más en tu hijo lo que le enseñes con tus actos que lo que digas con palabras. La frase “predicar con el ejemplo” toma especial relevancia en la educación de los hijos.

Conoce tus emociones

Conocerte a ti mismo aporta enormes beneficios a la hora de educar a un hijo. Saber reconocer cuando algo te supera y puedes perder la calma, te ayudará a no “explotar” en un gran enfado delante de tus hijos, a no perder el control y así poder resolver las situaciones como te gustaría, eliminando esos malos momentos de descontrol. ¡Ojo! No significa que tengas que ser capaz de estar siempre en armonía y autocontrol (sería demasiado ambicioso pretender eso de primeras), sino que, al menos, la mayor parte de las veces haya control, haciendo del descontrol algo inusual, que con el tiempo consigas llevar a la extinción. Apoyarte en la ayuda de tu pareja para ello suele ser una buena estrategia para no cargar excesivas tensiones.

No pierdas de vista lo bueno

Cuando las cosas se hacen cuesta arriba o aparece una dificultad que te supera, puedes caer en la tentación de verlo todo negativo. Y eso hace que sólo te centres en lo mal que se porta tu hijo, el poco caso que te hace o lo pesado que se pone cuando quiere… y no te deja ver lo contento que está cuando te ve en la puerta del cole, cómo ayuda a su hermano a lavarse las manos, lo bien que ha recogido su cuarto hoy, los besos que te da cuando te vas a trabajar, o lo bien que se come el filete ya ¡Qué injusto! Injusto para ti, injusto para él/ella.

Límites de seguridad

Los límites son imprescindibles. El niño necesita de ellos para saber qué hacer, para aprender a desenvolverse de manera adaptativa, para socializar, y todo ello le ayudará a sentirse seguro. Un niño sin límites es un niño inseguro, que no tiene nada claro qué se espera de él y, como consecuencia, no sabrá cómo comportarse (lo que multiplica la posibilidad de que no lo haga de la manera deseada). Quiere hacerlo bien. Enséñale cómo.

Perdona y pasa página

El rencor es más bien cosa de adultos; los niños viven el presente. Por eso, después de haberte enfadado con tus hijos porque han hecho alguna trastada, ellos quieren jugar a ‘polis y cacos’ contigo. Ya está, lo de antes está olvidado para ellos, pasa página, no sirve de nada alargar el enfado toda la tarde. Vaya lección nos dan con ello, ¿no te parece? Cuando el conflicto ha pasado, ¿de qué nos sirve seguir con el enfado?

Tú también te equivocas, no pasa nada

Por muy bien que queramos hacer las cosas, somos humanos y cometemos errores. ¿Y qué problema hay? ¡Ninguno! Saber reconocer que te equivocas, es una enseñanza estupenda para tus hijos. Con ello, se valida la posibilidad de cometer errores, y sobre todo, de aceptarlo (paso importante para poder aprender de ellos y pedir perdón en caso de que tus actos puedan haber hecho daño a alguien). Si por ejemplo un día gritas a tu hijo y sientes que te has pasado, que tú no querías comportarte así, pídele perdón. Hay una gran enseñanza tras ese gesto.

Las consecuencias, cuanto más lógicas mejor

“Castigado sin Play por no comerte la verdura”, “te quedas sin ir al parque por hacer daño a tu hermano”, “hoy no hay cuento antes de dormir porque has desobedecido a papá”. Es muy generalizada (diría que demasiado) la idea de que las consecuencias de una mala conducta deben ser castigadas con lo que más duele, porque así aprenderán a no repetirlo. ¿A sí? O sea que si hoy has hecho algo mal en el trabajo, ¿deberías quedarte sin tele esta noche? O si has quemado la comida porque te has entretenido hablando por teléfono, ¿no puedes ir a cenar con tus amigos? ¿Alguien le encuentra sentido a esto? ¿Aprenderías a hacer mejor tu trabajo o a cocinar más atento gracias a esas consecuencias? No ¿verdad? Es exactamente lo que ocurre  con el niño cuando se castiga con lo que duele. El mejor aprendizaje se lleva a cabo si las consecuencias tienen sentido con lo que se ha hecho mal. De manera que antes de poner una consecuencia, piensa: ¿Qué va a aprender de esto? Porque de eso se trata, ¿no?

Reflexión final

Es muy probable que ya estés llevando a cabo estas pautas, o la mayor parte de ellas. Si desconocías la importancia de alguna, te invito a ponerlas en práctica. Ayudarán a mejorar vuestra relación familiar y crear un clima relajado y agradable en el hogar.

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Nuria Pozueta

Psicóloga especialista en terapia de conducta y psicología clínica infanto juvenil. Vivo mi profesión con pasión y dedicación. Amante de los animales, la naturaleza y los buenos ratos con amigos.

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