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El estrés y las personalidades tipo A y tipo B

El estrés y las personalidades tipo A y tipo B

Cómo se experimenta el estrés

A nivel fisiológico, el estrés se siente con dolores de cabeza, tensión muscular, alteraciones del sueño, fatiga, malestar, mareos, taquicardias, y dolencias varias que no se explican por enfermedad médica.

A nivel motor, el estrés se refleja en la conducta: llorar, comer compulsivamente, fumar en exceso, consumir drogas o alcohol, tics, gestos y posturas tensos, forma de comportarse brusca y apresurada, agresividad, actos de rabia e ira.

A nivel cognitivo, el estrés afecta a la forma de pensar: inseguridad, miedos, indefensión, saturación, inferioridad, ineficacia.

El conjunto de alteraciones produce malestar y sufrimiento que, prolongados en el tiempo, pueden derivar en trastornos de la ansiedad y otros desórdenes que perjudican la salud física y psíquica.

Variables implicadas en el estrés

El estado psicofísico de estrés brota porque la persona percibe que lo que se le pide es demasiado para su capacidad de responder; es decir, la situación o acontecimiento es valorado como amenazante o desbordante para los recursos que tiene esa persona. Así por ejemplo, si me piden que redacte 10 informes en 30 minutos a sabiendas de que me cuesta unos 10 minutos por cada informe, el estrés aparecerá rápidamente a la vez que empezaré a pensar “no me da tiempo, no voy a poder hacerlo, estará mal hecho, no voy a cumplir con la tarea”, mensajes que aumentan aún más mi estado de alerta y malestar.

El estrés es experimentado según mi manera de hacer frente a las dificultades en general. Hacer como que no está pasando nada, aplazar los problemas, agobiarme antes de haber planteado soluciones, pensar enseguida que es demasiado para mí, echar la responsabilidad a los demás, son algunas de las estrategias que posiblemente potencien el estrés.

Las relaciones positivas con amistades y familiares son excelentes amortiguadores de los efectos del estrés. Si cuento con personas a quienes poder contar mis preocupaciones, a quienes puedo pedirles favores,  a quienes me es fácil pedir ayuda o consejo, es muy probable que me sienta más fuerte para afrontar las situaciones estresantes de la vida.

Ciertas características de personalidad

En cuanto a esta variable, quiero profundizar en dos tipos de personalidad que están en estrecha relación con la probabilidad de experimentar estrés. Me refiero a la personalidad Tipo A y a la personalidad tipo B.

Personalidad tipo A

Este tipo de personalidad ha sido de los más estudiados por su relación con el estrés y el sufrimiento.

Las personas de personalidad tipo A se caracterizan por su necesidad de control sobre los acontecimientos, la vida y los demás; suelen actuar con competitividad y fijan sus acciones hacía metas y logros, estimulados por su gran ambición profesional y personal; dan una prioridad marcada a su actividad laboral, a la que dedican mucho tiempo y energía, consiguiendo a menudo el éxito de sus propósitos. Se mueven bajo la urgencia, se impacientan, hacen las cosas de manera precipitada, y manejan con dificultad el estrés; en su vida a contrarreloj les cuesta descansar y relajarse, permaneciendo en un estado de alerta casi permanentemente; su estilo de comunicación y relación tienden a ser agresivo u hostil, tanto en sus palabras como en sus gestos y manera de ser; son tan perspicaces y perseverantes que alcanzan el éxito que se proponen sobre todo a nivel laboral, pero a un precio muy alto.

Consecuencias para la salud

La personalidad de Tipo A ha sido una variable muy estudiada en tanto y cuanto se ha verificado su interrelación con diversos problemas de salud, entre los que se destacan la probabilidad de padecer problemas coronarios y enfermedades cardiovasculares, la sobre activación del sistema nervioso simpático, el aumento de la presión arterial, niveles más altos de colesterol y triglicéridos, estrés prolongado, riesgo de padecer trastornos del sueño y diversos trastornos de ansiedad. Se ha observado asimismo que este tipo de personalidad  predispone al tabaquismo y/o consumo de drogas, al sedentarismo y al sobrepeso, con las graves consecuencias que ello tiende en su salud. Son personas muy propensas a sufrir estrés.

Estilo de relación con los demás

Otro de los aspectos que representa un riesgo para este patrón de personalidad es la agresión, el apresuramiento y la competitividad con el que se comportan, incluso vulnerando los derechos de los demás si percibe la necesidad. A menudo se encuentran involucrados en conflictos interpersonales y de tensión. Es posible que carezcan de relaciones de amistad auténticas y sus relaciones familiares sufren deterioro con el paso del tiempo. Es posible que desvalorice a los demás por preservar su propio interés, pudiendo usar la violencia de diversa manera.

Siempre y cuando valoremos que una persona presenta sintomatología de estrés y ansiedad, tendremos que tener en cuenta la presencia de estas características de personalidad.

En cambio, en el otro extremo, nos encontramos con aquellas personas que por sus características de personalidad, tienen menos riesgo de padecer estrés y ansiedad. Estas son las que pertenecen al tipo B.

Personalidad Tipo B

Las personas de personalidad Tipo B se caracterizan por ser tranquilas y pacientes; aunque aparentemente son menos productivas, se toman el tiempo de reflexión para una mayor calidad y toma de decisión pausada; suelen presentar un alto grado de adaptabilidad y no muestran demasiada resistencia al cambio; tienden a la introversión; sus actos son calmados, hablan sin prisa y sus gestos reflejan tranquilidad. Muestran sensibilidad y empatía hacía los demás, pudiendo en ocasiones olvidar sus propias necesidades o derechos. Debido a estas características, los individuos de tipo B son descritos, a menudo, como apáticos y desinteresados por las personas del tipo A.

Beneficios para la salud

La personalidad tipo B se ha relacionado más bien con la capacidad de recuperar el equilibrio emocional tras una crisis; gestionar adecuadamente el estrés; conseguir un buen equilibrio entre su sistema nervioso simpático y su sistema nervioso parasimpático; no suele experimentar ansiedad en su día a día y ante los retos que se le propone.

Estilo de relación con los demás

En general son personas que tienen buena autoestima, se sienten a gusto consigo mismas. Se posiciona en un nivel de igualdad con respecto a los demás, con poca sensación de envidia. Se centra en su bienestar, lo que le ayuda a no estar comparándose en exceso con los demás. Por su capacidad de escucha y de empatía, son personas socialmente bien aceptadas.

Conclusión

Conocemos la complejidad del fenómeno del estrés, en el que intervienen diversas variables. Sabemos que la situación de sobre activación puede estar relacionada tanto por acontecimientos positivos como enamorarse, incorporación de un nuevo miembro a la familia, un nuevo empleo, como por sucesos negativos como la pérdida de un ser querido, problemas legales, repentino o serio deterioro de la salud, entre otros. De ninguna manera pretendo demonizarlo ni siquiera eliminarlo, forma parte de la vida y tiene una función adaptativa; más bien quiero aconsejar la conveniencia de controlar su recurrencia, aprender a reponerse de los acontecimientos vitales estresantes, y prestar atención para prevenir sus posibles efectos nocivos a medio y largo plazo.

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Alexandra Crettaz

Psicóloga especializada en Terapia Clínica con adultos y experta en Sexología. Comprender y entender cómo funcionamos las personas me apasiona. Me encanta compartir las pequeñas alegrías del día a día con mi gente y descubrir sitios nuevos.

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