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Entendiendo a mi hijo adolescente. Claves para una educación positiva

Entendiendo a mi hijo adolescente. Claves para una educación positiva

Mi hijo ya no me da muestras de cariño como antes, mi hija se desvive por hablar con sus amigas y a mí no me cuenta apenas nada, no hay quien entienda esos cambios de humor, me cuesta mucho que acepte los límites y las normas, vive pegado al móvil o a la consola, me contesta de malas maneras, la convivencia se está complicando…  ¡Tengo un hijo adolescente!

Seguro que si tenéis un adolescente en vuestras vidas, posiblemente os habréis sentido identificados con alguna de estas situaciones. Esta es la fase en la que vamos viendo que nuestro pequeño, o nuestra pequeña, dejan de serlo, y entran en la (en ocasiones) “temida” nueva etapa vital, en la que dejan de ser los niños que fueron para empezar a definirse como los adultos que serán.

Lo primero que pretendo aclarar con estas líneas es que la adolescencia no es negativa. No debemos tenerle miedo. Es posible manejarla con éxito y podemos poner en práctica pautas para que nuestro objetivo no sea el de “sobrevivir” a ella, sino que podamos disfrutar de esta nueva etapa que atraviesan nuestros hijos y acompañarles hacia su madurez de manera activa y positiva.

Una etapa de cambios

Empecemos por entenderles. No voy a descubrir nada nuevo que no sepamos ya, principalmente por un motivo: todos hemos sido adolescentes y hemos pasado por esta etapa. Por lo tanto, podemos empezar a reflexionar nosotros mismos: ¿cómo me sentía yo en aquella etapa de mi vida? ¿Qué pensaba, quería, valoraba? Ojalá estés recordando, porque puedes sacar gran partido de ello. Aprovechemos nuestra experiencia vital para poder empatizar todo lo que podamos con ellos. Entenderles es el primer paso para ayudarles.

¿Cuáles son los principales cambios que suceden en mi hijo adolescente?

  • En la pubertad se produce un estallido hormonal: esto conlleva cambios en las relaciones del niño tanto con él mismo como con su entorno. Necesitan que seamos unas figuras de referencia estables.
  • En su desarrollo intelectual se destaca la potenciación del sentido crítico, que les lleva a cuestionar la autoridad y las normas establecidas, y a adoptar posturas extremas en sus opiniones. E aquí el motivo de que a veces sintamos que no nos escuchan, que hablamos con la pared, que no atienden a razones. Por ello es tan importante establecer normas y límites claros. Su razonamiento está en proceso de construcción. Es nuestra labor guiarles.
  • El grupo de iguales se antepone a la familia: aumenta considerablemente la importancia de los amigos, dejando a la familia en segundo plano. ¡Ojo! esto no quiere decir que no nos necesiten.
  • Búsqueda de identidad: Empiezan a tratar de definirse y de encontrar con qué identificarse. En este proceso el grupo suele tener especial relevancia. Es importante que mostremos interés por conocer sus amistades, que conozcamos las compañías que frecuentan. Aunque a veces no lo muestren, les agrada que nos interesemos por sus amigos.

Algunas recomendaciones

Con todo esto, os dejamos aquí algunas recomendaciones para una educación positiva en la adolescencia

  • En la educación hablamos siempre de la importancia y los beneficios de poner límites. En esta etapa toman especial relevancia. Son necesarios, ya que de ellos depende que el adolescente se sienta seguro y con confianza. Normas y límites no equivalen a autoritarismo y rigidez. Educar con límites y afecto es sinónimo de transmitir seguridad y amor; es sinónimo de éxito.
  • Es fundamental que ambos padres estén de acuerdo en los límites y las normas a establecer. Las contradicciones o las brechas que puedan abrirse entre los mensajes que envíen ambos empeoran la situación y producen desequilibrio en la seguridad del adolescente al no tener claro dónde están las líneas que no debe sobrepasar.
  • Cuando nos encontremos en una discusión acalorada con un adolescente y se encuentre bajo un “secuestro emocional” debemos comprender que no es momento para dialogar. La emoción intensa nubla la razón, por lo tanto no solo nuestras palabras caerán en saco roto, sino que podemos provocar que se potencie aún más la emoción haciendo que se descontrole, lo cual en ningún caso resultará positivo. En lugar de eso, mantenernos seguros de nuestra postura ante la discusión sin necesidad de grandes discursos sería la opción más adecuada.
  • Evitar la sobreprotección: Considero esta una pauta fundamental sobre la que basar nuestro estilo educativo: ¡no a la sobreprotección! En nuestro rol de padre/madre queremos lo mejor para nuestros hijos, no hay duda de ello. Sin embargo, a veces este objetivo tratamos de conseguirlo a través de protegerles en exceso, creyendo así que nuestros hijos crecerán felices, alejados de cualquier problema o experiencia negativa que les haga sufrir y bajo una gran seguridad de que todo irá bien. Pero caemos en un error garrafal. Lo mejor para un adolescente no es tener todos los bienes materiales que desee, lo mejor tampoco es que mamá o papá solucionen sus conflictos, que encubran sus errores, que mientan por él/ella en el Instituto, y tampoco que su única labor en casa sea dormir y comer. Con cada una de estas “acciones educativas” lo que conseguimos es que no aprendan a valorar las cosas ni las personas; creamos futuros adultos que tendrán enormes dificultades para solucionar los problemas que se les presenten, personas que no aceptarán sus errores y que recurrirán a la mentira para salir airosos de los conflictos, porque no han aprendido a resolverlos; personas no autónomas. Resumiendo, personas dependientes y con escasa capacidad de enfrentarse a la vida adulta. ¿Se parece este resultado al objetivo inicial de “darles lo mejor y que sean felices”?

Una última reflexión

Como apunte final, te invito a reflexionar sobre cuáles son tus objetivos educativos y a valorar si los medios que estás llevando a cabo son los que te ayudarán a conseguirlos. La mejor manera de educar a nuestro hijo adolescente es teniendo claro qué le queremos enseñar y asegurarnos de que lo que hacemos nos llevará a lograrlo.

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Nuria Pozueta

Psicóloga especialista en terapia de conducta y psicología clínica infanto juvenil. Vivo mi profesión con pasión y dedicación. Amante de los animales, la naturaleza y los buenos ratos con amigos.

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