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Emociones, la sal de la vida

Emociones, la sal de la vida

¿Imagináis una vida sin emociones, sin sentimientos? Seríamos algo así como seres neutros, insulsos. Si pensamos en el motor que da sentido a cada actividad que realizamos, nuestras emociones siempre están presentes. El amor que mantiene nuestra familia unida, la pasión que nos une a la pareja, el deseo por alcanzar una meta, la culpa que nos mueve a reconciliarnos con un amigo…

El origen de las emociones

En su origen, las emociones no eran más que respuestas instintivas simples, que se activaban por ejemplo para huir de un peligro o para acercarse a un estímulo placentero. Gracias a ellas la posibilidad de supervivencia era mayor. Por ejemplo, el miedo, la ira o el asco son respuestas defensivas frente a peligros o venenos potenciales. De esta manera, algunas partes del cerebro se especializaron en detectar situaciones amenazantes o atractivas, surgiendo así el cerebro emocional, encargado de detectar, analizar y procesar los estímulos necesarios para generar respuestas emocionales.

En una etapa posterior de la evolución, tras la cual se desarrolla la corteza cerebral, apareció la consciencia. Esto permitió que pasáramos de ser autómatas a convertirnos en seres reflexivos y a su vez capaces de adaptar nuestra conducta a diferentes situaciones, dotando al cerebro de la capacidad de percibir el estado físico de su propio cuerpo emocionado; es decir, a sentir sus propias emociones, lo que llamamos sentimiento.

Primero la emoción, y después el sentimiento

¿Tiemblo porque tengo miedo o tengo miedo porque tiemblo?

Son los cambios que  ocurren en el cuerpo lo que hace que el cerebro al percibirlos elabore los sentimientos como una representación mental de dichos cambios corporales. Es decir, no es que al sentir miedo me lata más deprisa el corazón, sino que el latir más rápido es lo que hace que se produzca el sentimiento real de miedo.

Para qué sirven las emociones

Acercarnos a estímulos placenteros y alejarnos de peligros

Ejemplos de ello serían que, gracias a las emociones de pasión o amor, nos acercamos y unimos con personas queridas que nos proporcionan bienestar. El deseo, a su vez, nos hace luchar por conseguir aquello que nos proponemos.

Por otro lado, el miedo nos ayuda a no acercarnos en exceso a un peligro, como puede ser un acantilado o un depredador, de manera que nos aleja de un posible daño o ataque. El asco nos lleva a evitar ingerir alimentos que puedan estar en mal estado, y la ansiedad pone mi cuerpo en alerta ante un peligro para poder huir de él.

Comunicarnos

Las emociones tienen un papel fundamental en la comunicación no verbal. Ese lenguaje que no se expresa con palabras, sino el que transmitimos a través de nuestros gestos, postura corporal y expresión facial. Cada emoción provoca cambios a nivel fisiológico y es por ello que nuestro cuerpo se ve modificado con cada una de ellas haciéndolas visibles a los demás.

Por ejemplo, cuando estamos tristes nuestro tono muscular disminuye, haciendo que nuestra postura sea encorvada, decaída, nuestro rostro inexpresivo, y experimentemos en general poca actividad en los músculos de todo el cuerpo. Con estas señales, los demás identifican que me siento triste.

Sin embargo, cuando sentimos enfado, nuestro tono muscular está en tensión, se produce un aumento de la frecuencia cardiaca y en nuestra expresión facial se observan ojos muy abiertos o entreabiertos como signo de defensa o protección, mostrándolo a la persona que me haya producido el enfado.

Evocar recuerdos

Disponemos de una memoria emocional que nos ayuda a archivar recuerdos a partir de las emociones experimentadas. Es por ello que muchas veces nos encontramos con que si me enfado con mi pareja por algo hoy, acuden a mi memoria otros tantos momentos en los que también me enfadé con él en el pasado.

Se produce una conexión situación-emoción, por eso me encanta ir a un bar concreto a bailar, porque otras veces me divertí mucho allí.

Afectan al razonamiento

Las emociones influyen en nuestra capacidad de razonamiento debido a que nuestro cerebro emocional y cerebro racional están interconectados.

La decisión de casarme con mi pareja la tomo gracias a las emociones de pasión, amor alegría, ilusión que siento al pensar en dar ese paso.

Decido también alejarme aquella persona que me enfade, me haga sentir tenso o me aburra.

Otro ejemplo lo vemos claramente en las rabietas infantiles. La emoción de frustración es de tal magnitud en el niño que provoca en él un “secuestro emocional” del cerebro racional, siendo imposible que entre en razón o que escuche siquiera nuestras explicaciones. Será necesario esperar a que se regule la emoción para que su cerebro sea capaz de entendernos.

Llevar a cabo una tarea cognitiva como es razonar la respuesta de un examen si estoy bajo un estado de nervios muy intenso es también una difícil tarea, puesto que dicha emoción bloquea nuestra capacidad de recuperar la información almacenada en nuestra memoria, y puedo sentir que “me quedo en blanco”.

Conclusiones

Nos ayudan a sobrevivir, tiñen nuestras experiencias de significado, nos permiten comunicarnos con los demás, forjan recuerdos, nos unen a nuestros seres queridos, nos alejan de aquello que nos daña…. Nos acompañan en cada uno de los momentos que vivimos.

Dan sentido a todo lo que hacemos, por lo que las emociones son, sin duda, la sal de la vida.

 

 

Imagen cabecera: People image created by Bedneyimages – Freepik.com

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Nuria Pozueta

Psicóloga especialista en terapia de conducta y psicología clínica infanto juvenil. Vivo mi profesión con pasión y dedicación. Amante de los animales, la naturaleza y los buenos ratos con amigos.

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