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Separación y divorcio ¿Cómo afectan estas situaciones a los hijos y qué podemos hacer?

Separación y divorcio ¿Cómo afectan estas situaciones a los hijos y qué podemos hacer?

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística publicados en septiembre de 2015, a lo largo de 2014 hubo 100.746 divorcios y separaciones matrimoniales en España, alrededor de un 6% más respecto al año anterior. Cuando el matrimonio termina, aparece una gran preocupación: ¿Y los hijos?

Sin duda es un momento delicado y suelen aparecer muchas dudas acerca de qué reacciones pueden tener, cómo actuar para que no sufran o qué será lo mejor para ellos, entre otras.

¿Cómo puede afectar a los hijos la separación?

Partimos de que cada situación familiar es diferente y, por tanto, no siempre aparecerán todos los síntomas que se describen ni las vivencias de cada niño serán iguales. En ocasiones los hijos se sentirán más tranquilos a raíz de la separación (si la situación en casa era muy negativa), y en otros casos sentirán una gran tristeza por ver su familia dividida. A continuación explicamos las posibles consecuencias de la separación de los padres en función de la edad de los hijos.

Hijos menores de 3 años

Durante este periodo de rápido desarrollo es cuando más dependen de sus padres. Es en esta etapa cuando resulta fundamental proporcionar al bebé o al niño una óptima calidad de apego, ya que de él dependerá su sentimiento de seguridad. Puede que no comprendan lo que sucede, pero sí perciben y sienten la angustia que les rodea y necesitan la presencia activa de ambos progenitores.

¿Qué hacer?

Será importante por ello que pueda compartir frecuentes periodos de tiempo con aquel progenitor que no vaya a convivir, incluyéndolo como parte de su rutina y preservando así un apego adecuado.

Hijos de 3 a 5 años

A estas edades suelen tener dificultades para expresar emociones o pensamientos, por lo que en ocasiones reaccionan a la ruptura con respuestas psicosomáticas (vómitos, dolores…). A veces surgen confusión, miedos o ansiedad; pueden mostrarse en forma de rabietas, problemas de sueño o negación a ir al colegio entre otras. Aparecen fantasías de reconciliación, aferrándose a la esperanza de que sus papás volverán a estar juntos. Puede darse también un aumento de la agresividad, regresiones (como volver a mojar la cama por las noches o volverse exageradamente dependiente) y sentimientos de culpa (pensando que ellos son la causa).

¿Qué hacer?

Darle seguridad respecto a los miedos y explicarle la situación de una manera sencilla y adaptada a su nivel de comprensión. Mostrarle dónde vivirá su otro progenitor y enseñarle su espacio en la nueva casa.

Hijos de 5 a 7 años

A estas edades son más conscientes de los motivos que puedan haber causado el divorcio de sus padres. Pueden aparecer conflictos de lealtad, ya que se encuentran en medio de las dos personas que más quieren; en ocasiones esta situación la llevan con presión y a costa de un gran gasto emocional. Se mantiene a esta edad la fantasía de reconciliación.

¿Qué hacer?

Responder a sus dudas, y sobre todo enfatizar en que seguirá teniendo el amor de los dos. Escuchar sus miedos y transmitir empatía hacia ellos ayudará a que se expresen mejor.

Hijos de 8 a 12 años

A esta edad son más conscientes de la situación y en ocasiones pueden tratar de tomar partido en los conflictos parentales mostrando enfado con uno u otro, o posicionar a uno de culpable y al otro de víctima. Pueden aparecer rabietas, sentimientos de pérdida, soledad, resentimiento, miedos, problemas de conducta, problemas de concentración en el colegio, aumento de dolencias psicosomáticas y alianzas con un progenitor.

¿Qué hacer?

Fomentar que exprese sus emociones, ayudar a mantener una estabilidad en sus rutinas y permitirle frecuente contacto con el adulto con el que no convive. Informar al centro escolar de los cambios en la familia y prestar atención a los posibles cambios.

Hijos de 13 a 18 años

En esta etapa de adolescencia destacan la reacción de rebeldía, dificultad para concentrarse, fatiga, problemas de sueño. En ocasiones se sienten presionados a tomar decisiones (en lo relacionado con las visitas a sus padres), y comienzan a tomar conciencia de la posibilidad de que sus padres tengan nuevas parejas. A veces desemboca en miedo a establecer ellos sus propias relaciones sentimentales y desconfiar en las personas.

¿Qué hacer?

Tener en cuenta su opinión, estar disponibles para que pueda expresar sus sentimientos, y ayudarle a que determine sus necesidades en la relación con ambos progenitores.

Decálogo de buenas prácticas

  1. Evitar las discusiones en presencia del niño.
  2. Informarles de lo que está ocurriendo (con lenguaje adaptado a la capacidad de comprensión del niño en función de su edad).
  3. Nunca hablar mal a su hijo de su expareja (ni permitir que la familia extensa lo haga).
  4. Mantener una comunicación fluida sobre las cuestiones que conciernen a los hijos.
  5. Evitar las conductas sobreprotectoras o permisivas (consintiendo comportamientos que antes no se toleraban).
  6. Asegurar que sus necesidades estarán cubiertas.
  7. Los hermanos deben estar juntos el mayor tiempo posible.
  8. El tiempo que estén con cada uno de sus progenitores debe ser tiempo de calidad.
  9. Mantener todo lo que sea posible la rutina del niño.
  10. Los niños tienen el derecho de mantener relación con ambos padres y demás personas importantes en sus vidas (siempre que no existan riesgos o contraindicaciones).
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Nuria Pozueta

Psicóloga especialista en terapia de conducta y psicología clínica infanto juvenil. Vivo mi profesión con pasión y dedicación. Amante de los animales, la naturaleza y los buenos ratos con amigos.

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