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¿Qué hay detrás de la queja?

¿Qué hay detrás de la queja?

Oigo a una mujer delante de una tienda: “Pone que abre a las 16h, son las 16h07 y aquí no hay nadie ¡será posible!”. Me dice mi hija al salir de clase: “Habíamos quedado en que lo haría él, pero ahora dice que no le da tiempo a terminarlo para la presentación del viernes ¡estoy alucinando!”. Mensaje de mi vecina esta mañana: “Fui a la primera clase de gimnasia ayer y hoy me duele todo el cuerpo, ¡qué mal!”. Pone en el grupo de WhatsApp mi compañero de trabajo: “Una gestión horrible, la organización fatal, no sé ni porque he asistido a este congreso ¡esto no puede ser!”. Mi pareja el domingo: “Está todo sin recoger, aún nos quedan un montón de cosas por hacer ¡así no podemos seguir!”. Y yo pienso: “Estoy harta de tanta negatividad ¡ya está bien!”.

¿Quién es ese intruso que se ha colado en estos mensajes? La queja. La usamos, en exceso, cuando a menudo ni es constructiva ni evita aquello por lo que ha sido expresada. Quiero reflexionar contigo hoy sobre qué puede haber detrás de ella, me gustaría que nos hiciéramos conscientes de por qué la estamos usando y ojalá podamos, en último término, decidir dónde colocarla en nuestro discurso con nosotros mismos y con los demás.

La queja ¿el camino correcto para conseguir lo que quiero?

La queja se viste de mil maneras, pero al final pretende cambiar una situación con la que no estamos conformes. En ocasiones esta estrategia tiene éxito. Pero ¡ojo!

El beneficio secundario de la queja

Isabel lleva semanas lamentándose; dice que está agotada, que siente estar haciéndose cargo de muchas responsabilidades de casa, de que así no puede ni quiere seguir. Rafa, su pareja, ante ello empieza a ponerse las pilas y a participar más; llega antes a casa para preparar la cena, sugiere una toma de iniciativa por su parte y un reparto diferente de labores domésticas; le pregunta más a menudo a Isabel cómo se encuentra.

¿Crees que este ejemplo puede ser real? ¿Te ha pasado? ¿Qué crees que es posible que ocurra después de reaccionar así Isabel y Rafa ante esta situación de su vida?

Una de las opciones es que Isabel, al ver que este estilo de petición de cambio está dando resultados, lo adopte como habitual y perpetúe la rueda de la queja. A corto y medio plazo puede, efectivamente, hacer que Rafa se dé cuenta y haga cambios deseables. Sin embargo, con toda seguridad, este estilo de expresar lo que deseo o necesito no conlleva beneficios a más largo plazo; es más, usarlo como modus operandi puede desgastar la relación; incluso provocar el efecto contrario y que Isabel se instale en su queja mientras Rafa la ignore.

De la queja a la acción

Juanjo se ha cansado de ver cómo su negocio va de mal en peor. Está enfadado por la situación de su sector, siente impotencia ante los grandes almacenes que han ido abriendo los últimos años. Cree que, por más horas que abra la tienda, la clientela no aumenta, y no sabe cómo ofrecer sus productos sin tener que bajar drásticamente su precio. En casa se le nota preocupado y su discurso se rige bajo la queja recurrente. Un buen día, cansado de sus suspiros y palabras de disgusto, decide transformar su visión negativa en un empujón para tener una visión constructiva. Convierte los mensajes negativos de sus quejas en mensajes de cambio en positivo. Se repite “Seguro que algo diferente puedo hacer para mejorar; me siento capaz de aprender a pensar en opciones válidas para los problemas”. Dejándose contagiar por su optimismo, empieza a generar nuevas ideas, a ver sus fortalezas y su potencial para transformar sus ventas, siente cómo es más capaz de hacer frente a la situación.

Lo que en un primer momento es queja de uno mismo, de los demás o de la vida, puede evolucionar hacia una estrategia de cambio productivo y movimiento de acción. Si no se produce este proceso, previsiblemente el destino de la lamentación de Juanjo acabaría en el mismo lugar que en el caso anterior, un acto desprovisto de utilidad, y en este caso el posible cierre de su negocio.

La queja ¿Qué hay detrás?

Además de valora de qué sirve mi queja, vamos a ir un poquito más allá. ¿Por qué hay personas que la usan exageradamente y otras personas que pocas veces les oirás quejarse? ¿Qué puede haber detrás de un acto aparentemente tan automático?

Creencias erróneas, pensamientos irracionales y otros objetos punzantes

Desde nuestra tierna infancia todas las personas hemos ido construyendo nuestra manera de ver la vida en base a ciertas creencias, transmitidas desde múltiples fuentes (familia, sociedad, cultura, escuela, relaciones interpersonales, etc.). Estas guían el modo en que interpreto lo que me pasa y juegan un papel importante en mis vivencias. Algunas de estas creencias resultan convenientes, otras son muy exigentes. Si resulta que no concuerda mi idea de cómo yo creo que deberían ser las cosas con cómo están siendo en mi realidad, posiblemente aparecerá el malestar. Y una manera de expresar dicho malestar sería en forma de queja.

Creencias como la de “Los demás deben actuar de forma agradable, considerada y justa” o “La vida debe ofrecerme unas condiciones buenas y fáciles, para que pueda conseguir lo que quiero sin mucho esfuerzo y comodidad” o “Es tremendo y catastrófico el hecho de que las cosas no vayan por el camino que a uno le gustaría que fuesen” inevitablemente me harán caer en una sensación de que mi realidad no cumple estas tan exigentes expectativas. Son creencias que hemos de modificar.

Otras trampas que nos juega nuestra mente a la hora de interpretar los hechos es tener pensamientos no del todo adaptados a la realidad. Si pienso que si mi pareja me quisiera debería estar más atento a mí, si creo que mi amiga llega tarde porque no le importo nada, si interpreto que alguien comete un error adrede para hacerme rabiar, posiblemente mi modo de sentir sea tal que necesite expresar mi frustración, a través de la queja como posible opción.

¿Te has parado a pensar si, detrás de tu queja, podría existir alguna idea, creencia o pensamiento erróneo que convendría que revisarás?

Nada puedo hacer para evitar que me perjudique, o la indefensión aprendida

Johana le dice llorando a su mejor amiga “Le quiero, pero me obliga a hacer cosas que a mí no me van mucho; critica a mi familia y no le gusta cuando quedo contigo. Me gustaría tener el valor de romper con él, pero no soy capaz. No creo además que encuentre a nadie que aguante tanto conmigo como lo está haciendo él”. Esta frase tiene un claro matiz de queja, pero además viene disfrazada de lo que llamamos indefensión aprendida, una manera de posicionarse frente a los acontecimientos negativos.

Este término hace referencia a un animal o persona que, sufriendo en sus propias carnes condiciones adversas y dolorosas, no hace nada para abandonar dicha situación. Es un tipo de conducta de aquella persona que se siente incapaz de reaccionar y cambiar aquello que le está sucediendo, aun siendo consciente de lo perjudicial que le esté resultando. Este estilo de afrontamiento no permite transformar la queja en un acto de cambio, porque ni siquiera existe la esperanza de que eso sea posible.

¿Crees que se podría enseñar a Johana a salir de su estado de miedo y bloqueo, para no conformarse con algo de lo que se queja? Mi opinión es que sí podemos ayudarle. Devolverle la sensación de control, cambiar su actitud de pasividad e inhibición por autoestima, asertividad, auto-afirmación. Posibilitaríamos reforzar un mensaje tipo “No quiero estar viviendo esta situación, me hace daño, yo puedo pensar soluciones y modos de salir y cambiar”.

El Locus de control: dónde sitúo los acontecimientos de mi vida

Decimos que un individuo tiene un locus de control interno cuando percibe que lo que le ocurre depende más de factores internos, de sus propias acciones. Atribuye su éxito o fracaso a sus esfuerzos, habilidades, debilidades o carencias. En cambio, decimos que un individuo tiene un locus de control externo cuando percibe que lo que le ocurre es resultado del azar, del destino, de decisiones de otros, de la vida que le ha tocado.

Carol muestra un locus de control interno cuando dice “He aprobado el examen porque estudié mucho y puse todo de mi parte”. Mario muestra un locus de control externo cuando dice “He aprobado el examen porque el profesor lo ha puesto muy fácil y ha sido majo puntuando”. Para los dos chicos el caso es el mismo, han aprobado el examen, pero su percepción de por qué ha sido así es muy diferente, y ambas podrían ser ciertas.

¿Cómo se relaciona esto con la queja? Todo apunta a que las personas que creen que un mal resultado se debe a algo externo sobre lo que no tienen control, que viene de fuera, podrían llegar a expresar una queja poco productiva. Siendo así, presentan poca expectativa de cambio. “Mi vecino hace un montón de ruido los domingos a la mañana, me fastidia tanto, pero es la comunidad de vecinos la que tendrá que darle un toque”. Si atribuimos al exterior cambiar o solucionar algo que no nos va bien, que nos fastidia, estamos delegando parte de responsabilidad; no vamos a querer hacer nada para cambiarlo porque creemos que no es cosa nuestra.  Si a mi amigo al que le molesta su vecino que hace ruido los domingos, además de ver si la comunidad puede darle un toque, se hace responsable lo que a él mismo le molesta y va directamente a hablar con su vecino para ver si se puede solucionar, su queja tendrá más probabilidad de desaparecer. Estamos hablando de que somos los agentes de nuestras propias necesidades y podemos ser activos en la solución de nuestros problemas.

Es mi tendencia: rasgos, características y particularidades de mi personalidad

Conocemos a este tipo de personas que tienen una forma de ser que abarca la queja como un elemento más dentro de toda su personalidad negativa. Existen unos rasgos de personalidad que van de la mano de la queja. La tendencia a los estados depresivos, la negatividad, el pesimismo, la baja tolerancia a la frustración, sentir que los obstáculos siempre superan nuestra capacidad de afrontamiento, la pasividad y sumisión, la falta de vitalidad y ganas. Estos son atributos que suelen dificultar un enfoque de cambio, rompiendo con la queja improductiva.

En definitiva, te animo a partir de ahora a convertirte en detective de tus quejas, a descubrir de qué manera la expresas, y a preguntarte ¿Es mi queja una oportunidad para mejorar y avanzar? ¿Transformo mi queja en una propuesta de cambio? ¿Qué hago yo para dejar de tener esta queja? ¿Es la vida o los demás quienes tienen que hacer que yo pueda dejar de quejarme?

Todo un reto ¿verdad?

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Alexandra Crettaz

Psicóloga especializada en Terapia Clínica con adultos y experta en Sexología. Comprender y entender cómo funcionamos las personas me apasiona. Me encanta compartir las pequeñas alegrías del día a día con mi gente y descubrir sitios nuevos.

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