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El apego durante el primer año de vida

En cada etapa de la crianza aparecen diferentes retos en la educación de los hijos, todos ellos importantes y determinantes para su desarrollo. En estas líneas nos centramos en los cimientos: el primer año de vida. Lo que se forja en esta etapa será determinante para su posterior evolución y desarrollo emocional, personal e intelectual.

El bebé nace sin saber lo que se va a encontrar, no conoce el mundo al que ha venido, y estos primeros meses serán su toma de contacto para entender un poco mejor qué puede esperar de lo que le rodea.

¿Cuáles son las necesidades de un niño?

El niño necesita cubrir una serie de necesidades para poder tener un desarrollo óptimo. Podemos clasificarlas en biológicas (sueño, alimentación, higiene, salud), cognitivas (aprendizajes, acceso a explorar el entorno) y emocionales y sociales (seguridad emocional,  amistades, juego).

Dentro de las necesidades emocionales encontramos la de seguridad emocional, que implica la necesidad de sentirse querido, valorado y protegido. Todo ello surgirá a través del vínculo de apego que se cree entre el bebé y sus figuras de referencia.

La experiencia que el bebé tenga con sus progenitores en esta primera etapa vital es lo que marcará sus representaciones mentales de cómo es el mundo y su entorno.

En brazos el mundo es más seguro

Pertenecemos al tipo de mamíferos cuyas crías se aferran a la piel de la madre para sobrevivir. En el ser humano esta proximidad supone una garantía biológica de supervivencia que se manifiesta en forma de alimentación y seguridad. Sin embargo, a diferencia de otros mamíferos de este tipo, el bebé por sí mismo no tiene la capacidad de aferrarse a su madre. Para ello utilizará otras habilidades con el objetivo de buscar ese contacto como son la mirada, la sonrisa o el llanto. De este modo el bebé espera ser atendido o cogido en brazos y poder así ver satisfecha su necesidad de contacto, seguridad, apego. El mundo es seguro en brazos de mamá o papá.

John Bowlby, desarrolló la teoría del Apego, y definió el concepto de la siguiente manera: la conducta de Apego es “cualquier forma de comportamiento que hace que una persona alcance o conserve proximidad con otro individuo diferenciado y preferido. En tanto que la figura de apego permanezca accesible y responda, la conducta puede consistir en una mera verificación visual o auditiva del lugar en que se halla y el intercambio ocasional de miradas y saludos. En ciertas circunstancias se observan también seguimiento o aferramiento a la figura de apego, así como la tendencia a llamarla, llorar, conductas que en general mueven a esa figura a brindar sus cuidados”.

Es por ello que cuando tu hijo llora al dejarle en la silleta o solo en una habitación por la noche para dormir, cuando no te quiere perder de vista y te reclama nada más desaparecer de su campo de visión… tu hijo está llevando a cabo conductas de apego. Trata de satisfacer su necesidad básica de seguridad emocional.

El apego

Constituye la relación personal más temprana que el niño tiene con el mundo que le rodea. La manera en la que esta relación se desarrolle, hará experimentar al niño sus primeras emociones, tanto positivas (seguridad, afecto, confianza) como negativas (inseguridad, abandono, miedo).

Esta primera relación afectiva crea los precedentes de las futuras relaciones personales del niño. Si la primera relación con el mundo (que se lleva a cabo con mamá o papá) es segura, hace que se sienta acogido, querido y cuidado, y el niño adquirirá confianza y seguridad para entablar relaciones con otras personas en base a esa experiencia. Sin embargo, si la relación primaria es ambivalente o insegura, ya que no siempre se siente seguro o se le trata con cariño o se le protege, el niño desarrollará un concepto de las relaciones basado en la desconfianza y la inseguridad.

Estamos entonces ante un aspecto del desarrollo importante, puesto que si el niño crea un apego seguro con las figuras de referencia, propiciará que se sienta suficientemente seguro para explorar el mundo, sabiendo que es un ser querido y tiene la protección de sus padres. Esto, lejos de criar niños “mimados”, lo que ayuda es a aumentar la seguridad y autoestima en el niño, aspectos claves para su autonomía personal.

Vincúlate día a día

Dormir

¿Sólo o con sus padres? Hay diferentes corrientes que aportan sus teorías acerca de cómo es mejor que duerma el bebé. Creo firmemente en los beneficios del colecho en los primeros meses de vida. Eso no quiere decir que siendo más mayor no pueda dormir solo, que de hecho poco a poco estará más preparado para hacerlo como parte de su independencia y desarrollo como individuo. Sin embargo, no olvidemos que el mundo es algo desconocido para el bebé y que son los padres los pilares de su seguridad.

Brazos

Se ha comprobado que el contacto piel con piel aporta enormes beneficios al cerebro del niño. El contacto aporta bienestar y a su vez afianza el vínculo. No entiendo muy bien a qué se refieren cuando dicen que “se va a acostumbrar a estar en brazos”. Considero que el cariño que se transmite con ello no es algo malo a lo que acostumbrarse. Para disfrutar de esos momentos, el porteo es una práctica estupenda que facilita ese contacto tan especial.

Cuidados diarios

Alimentar, cambiar los pañales, vestir, el baño, el paseo… son momentos que se dan a diario. No hay que subestimar la oportunidad que nos brindan de establecer contacto físico, caricias, sonrisas, juego. La fusión de sentirse cuidado y querido al mismo tiempo que podemos transmitirle a través de los cuidados, hace que la relación se estreche y el vínculo sea sólido y seguro.

Algunas aclaraciones finales

¿Hay que estar todo el día pegado piel con piel al bebé? No, pero nunca te prives de cogerlo en brazos si te apetece o te lo pide.

¿Hay que dedicar las 24 horas del día para crear un apego seguro? No. Dedícale el máximo tiempo que puedas y quiérele todo ese tiempo.

¿Desarrollará un apego inseguro si alguna vez no se le coge en brazos cuando llora? No, siempre que la dinámica general sea que se le atienda y consuele.

Todas ellas son experiencias cargadas de emociones, no permitas que las prisas te priven de vivirlas intensamente y simplemente disfruta de los pequeños de la casa en esta etapa maravillosa de su vida… ¡y tan importante!

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Nuria Pozueta

Psicóloga especialista en terapia de conducta y psicología clínica infanto juvenil. Vivo mi profesión con pasión y dedicación. Amante de los animales, la naturaleza y los buenos ratos con amigos.

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