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Amigos y Enemigos de educar en Resiliencia

Amigos y enemigos de educar en resiliencia

La resiliencia se define como la capacidad que tiene la persona para recuperarse frente a la adversidad, sucesos traumáticos, o circunstancias difíciles (muerte, divorcio, terrorismo, desastres naturales…) o también ante los desafíos presentes en cada etapa vital (ruptura del núcleo familiar en la infancia, aislamiento social en la adolescencia, enfermedad en la edad adulta…). La resiliencia permite a la persona desarrollar recursos para sobreponerse a tales situaciones, consiguiendo salir fortalecido de ellas.

¿Por qué es tan importante la resiliencia?

Todos los padres y madres tienen el objetivo común de cuidar y proteger a sus hijos. Sin embargo, no es posible protegerles de las adversidades que la vida les pueda deparar… ¿o sí? Bueno, no podemos evitar que les sucedan determinadas cosas, pero podemos educarles proporcionándoles las herramientas necesarias para poder dar respuesta a esos desafíos. Y esta es una gran labor, un gran regalo que darles en forma de fortaleza, superación, autoestima, optimismo, tolerancia… ¡vaya regalazo!

Enemigos actuales

Haciendo un análisis de nuestra sociedad actual, voy a destacar los “enemigos top” a la hora de educar en las habilidades necesarias para adquirir resiliencia.

El estrés

El estrés forma parte del día a día de las familias en nuestra sociedad. Vamos con prisa desde que abrimos el ojo por la mañana, corriendo para llegar a tiempo al cole/trabajo, estrés en el ámbito laboral, haciendo malabares para la conciliación familiar, tardes repletas de actividades extraescolares, tareas, obligaciones en casa, corre a la ducha que ya es la hora de cenar y corremos un último sprint a la cama, hoy leemos solo una página del cuento que hay que dormir… Y así, mañana será otro día… igual de estresante que el anterior.

El estrés excesivo deteriora nuestra salud y bienestar psicológico. Por ello es importante que, entre tanto trajín diario, encontremos momentos de autocuidado (para niños y adultos), de parar a descansar, de comer tranquilos, jugar y relajarse. ¿Cómo? Os animo a poner este autocuidado en la misma línea de importancia ¡como mínimo! que tienen las demás actividades (extraescolares, tareas), y así seguro que encontramos un hueco.

El individualismo

Estamos perdiendo el sentido de comunidad. Si bien mantenemos el vivir en comunidades, no mantenemos tanto el convivir. Las relaciones sociales son esenciales en la formación de la persona y cada vez, a pesar de vivir en núcleos más poblados, interactuamos menos. Esta tendencia al individualismo nos quita la opción de tener grandes experiencias de relacionarnos y cooperar entre nosotros. Recuerda que ayudas a tus hijos haciendo que ayuden a otros: salir a jugar al parque (en la calle suceden cosas apasionantes) promueve que colaboren en voluntariados apropiados a su edad, que conozcan otras realidades y puedan también aprender de ellas.

Escasa adaptación al cambio

Asignatura pendiente donde las haya. Y es que es bastante generalizada la dificultad de adaptarnos a situaciones novedosas, a tolerar que las cosas sean diferentes y a actuar en consonancia. La vida es un cambio continuo… ¿por qué nos cuesta tanto? Toleramos poco la incertidumbre, y los cambios conllevan precisamente eso, no saber cómo serán las cosas, qué novedades nos traerá la nueva situación… Una gran ayuda para ello es sin duda, educar en optimismo.

Amigo Optimismo

Niños y adolescentes necesitan desarrollar fortalezas para enfrentarse y recuperarse de las adversidades, de manera que puedan sentirse preparados para los desafíos que les depare el futuro. A continuación presentamos una serie de habilidades y recursos internos que fomentan el desarrollo del optimismo, clave para adquirir resiliencia:

Sensación de competencia y Autoconfianza

Ayudar a los más pequeños a que se sientan competentes, capaces, hacerles ver cuáles son sus fortalezas y dejar que las pongan en práctica. Cuando hacemos aquello que se nos da bien, nos sentimos genial. Algunos buenos hábitos para lograrlo serían los siguientes:

  • Darles la oportunidad de tomar decisiones. Con ello, educamos la responsabilidad y hacemos que asuman las consecuencias de sus elecciones.
  • Evitar la sobreprotección, porque en ocasiones lleva a pensar que “yo solo no puedo” y esto choca de frente con sentirse capaz.
  • Reconocer sus logros ayuda a que ellos también los valoren.
  • Felicitar los éxitos procurando que tengan sentido. No se trata de que actúen buscando continuamente los elogios, sino que se elogie aquello que han luchado por conseguir.

Sentirse querido y valorado

Pocas cosas dan más fuerza y fomentan la autoestima del niño que el hecho de crear vínculos positivos y que esas personas de referencia crean en ellos. Que se sientan amados y valorados. Estas experiencias aportan seguridad para afrontar hasta lo más complicado.

Las expectativas que los demás tengan puestas en el niño, serán determinantes. ¿Conocéis el Efecto Pigmalión o Profecía Autocumplida? Es un fenómeno que habla de esto precisamente, de cómo nuestra conducta es coherente con las creencias que tenemos sobre nosotros (o nos vienen dadas).  Lo resume muy bien la cita de Henry Ford que dice así: “Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos tienes razón”.

Conclusiones

Resumiendo lo anterior, quiero destacar la importancia de creer en nuestros pequeños, de quererles como son, de ayudarles a descubrir lo especial que hay en ellos, y darles la oportunidad a que se abran tanto a sí mismos (que se conozcan y se cuiden) como a que se abran al mundo que les rodea. En ambos lugares es donde encontrarán mayores satisfacciones y aprendizaje, lo que les ayudará a afrontar la vida con optimismo y resiliencia.

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Nuria Pozueta

Psicóloga especialista en terapia de conducta y psicología clínica infanto juvenil. Vivo mi profesión con pasión y dedicación. Amante de los animales, la naturaleza y los buenos ratos con amigos.

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